Las polis (Ciudades) griegas


Las Polis (Ciudades) Griegas
 Polis era la denominación dada a las ciudades estado de la antigua Grecia, surgidas desde alrededor del año 1.000 aC. hasta la dominación romana. Polis se denominaba a la ciudad y al territorio que ella reclamaba para sí. Tenían un gran nivel de autocracia, lo que les garantizaba libertad, autonomía política y económica. No existía oposición entre lo urbano y lo rural, ni existían relaciones de dependencia; muchos residentes urbanos vivían de las rentas del campo, al igual que la gran mayoría de los aristócratas.

El centro político-administrativo-social de la polis era la Acrópolis, donde se encontraba el templo, la gerusía (consejo de gobierno), el ágora y los edificos civiles. El ágora era la plaza pública y mercado permanente. Rodeaba a la ciudad un anillo rural, en donde se cultivaba lo necesario para la supervivencia de la polis.
Las polis griegas eran ciudades estado totalmente independientes. Tras la desaparición de la civilización micénica los griegos formaron pequeñas comunidades, que evolucionaron en el siglo VIII aC, y se convirtieron en ciudades. Estas ciudades se conocieron con el nombre de "ciudades estado" o polis. A diferencia de las ciudades de los grandes imperios (Mesopotamia, Egipto, Persia), que estaban organizadas alrededor del palacio real y del templo, el centro de la polis lo constituía el ágora, un espacio abierto donde los ciudadanos acudían para comerciar y para intercambiar ideas. En el ágora tiene lugar la vida política de la polis, y en ella surge también la filosofía griega.

Las polis se constituyeron como una unidad política, social y económica de Grecia, pero si bien compartían una lengua, religión común, lazos culturales y una identidad racial e intelectual que exhibían con orgullo, los habitantes de estas ciudades no pudieron fundar un estado unificado. Existía una gran rivalidad entre las diferentes polis, consideraban que el reducido tamaño de cada una era lo más idóneo para practicar una adecuada política.

En el siglo VIII aC, Jonia se encontraba al frente de la cultura y filosofías griegas y ciudades como Mileto y Éfeso siguieron floreciendo como centros de importancia durante el Imperio romano.

El exceso de población, los disturbios de las polis y los intereses comerciales hicieron que a partir del año 750 aC, se iniciara un proceso de colonización que se extendería por espacio de dos siglos. Las principales colonias se establecieron en las costas de Sicilia, sur de Italia, Francia, España, el mar Negro, Egipto y Cirene en el norte de África. Las nuevas ciudades del sur de Italia y de Sicilia recibieron el nombre de Magna Grecia. En un principio fueron los campesinos en busca de nuevas tierras para labrar, los que afrontaron el riesgo. Las ciudades-madre o metrópolis planeaban los detalles del viaje y equipaban a los colonos, que irían acompañados por un aristócrata al frente de la empresa. Al llegar, el jefe de la expedición buscaba un sitio que fuera fácil de defender y repartía las tierras entre los expedicionarios, en partes iguales. Estos pioneros se convirtieron en importantes terratenientes.
De esta manera, fueron surgiendo nuevas ciudades con un entorno agrícola a lo largo del Mediterráneo, que serían creadas a imagen y semejanza de las polis griegas de donde provenían. Este es el caso de Cumas, (en Italia), fundada por colonos de Calcis, Bizancio, a orillas del Mar Negro, poblada por ciudadanos de Megara, Massalia, (actualmente Marsella, Francia), colonizada por gente de Focea, Tarento, poblada por colonos de Esparta, Siracusa, (en Sicilia), fundada por el corintio Arquias.

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El Imperio Seléucida

Seleuco I Nikátor
Después de la muerte de Alejandro Magno, sus generales se repartieron el imperio, siendo protagonistas durante veinte años de grandes luchas y peleas por obtener el poder. Fueron los llamados diádocos, o sucesores o herederos. Después de estos antiguos generales gobernaron los llamados epígonos, (los nacidos después o sucesores). La lucha entre ellos para obtener el poder y la hegemonía duró casi cincuenta años, hasta el 281 aC en que murió el último de los diádocos, Seleuco I Nikátor.

El vasto imperio de Alejandro Magno quedó dividido a su muerte de la siguiente manera:
* Asia para Antígono Monoftalmos. Era el que tenía más poder y más extensión de tierras.
* Egipto para Ptolomeo, cuya dinastía fue la más estable de todas, (dinastía Ptolemaica).
* Tracia y Asia Menor para Lisímaco.
* Babilonia y Siria para Seleuco (dinastía Seleúcida). Se entendía por Siria a una enorme extensión de tierras que llegaban hasta las fronteras con la India.
* Grecia, y Macedonia para Casandro, (dinastía Antigónida).


El reparto del Imperio de Alejandro Magno

La Dinastía Seléucida fue fundada por Seleuco I Nicátor, tras la derrota y muerte del general Antígono Monoftalmos. Esta dinastía gobernó hasta el año 69 aC. Su territorio comprendía Babilonia y Siria y gran parte de Asia Menor. Este vasto territorio se extendía hacia el este, hacia lo que hoy es Pakistán y comprendía toda la gran meseta de Irán hasta llegar a las montañas de la India y por el norte hasta los desiertos del mar de Aral. Estaba constituido por 20 pueblos de distintas razas, lengua y religión, con un total de más de 30 millones de habitantes. Tuvo dos capitales: Antioquía en Siria (actualmente Antakya, Turquía) y Seleucia del Tigris en Mesopotamia.

Esta dinastía fue heredera de la cultura helenística que procuraron difundir, pero gobernaron al modo de sus antecesores los reyes sirios, mesopotámicos y persas, haciéndose sus reyes adorar como a dioses. Frecuentemente estuvieron en guerra con la dinastía Ptolemaica de Egipto.
Pero fue un reino demasiado grande, demasiado plural y los Seléucidas fueron perdiendo poco a poco el gobierno de las tierras del este del río Éufrates y más tarde fueron expulsados de Asia Menor. Los pueblos de Irán eran persas, medos y bactrianos y habían sabido conservar su antigua religión y su lengua, así que los gobernadores de estos territorios aprovecharon la decadencia de los Seléucidas para ser independientes. El gobernador griego de la Bactriana, Diódoto, tomó el título de rey en el 254 aC, comenzando de esta manera el reino de Bactriana, conservando el griego como idioma, reino que duró hasta el año 126.

En el año 64 adC el romano Pompeyo destituyó a los dos pretendientes al trono seléucida y Roma se anexionó todos los territorios.

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Leónidas y la Batalla de las Termópilas


 La Batalla de las Termópilas (Puertas Calientes) fue un importante escenario del conflicto entre las polis griegas, con Esparta y Atenas a la cabeza, contra el Imperio Persa en el 480 aC.

Jerjes I, emperador persa, se propuso conquistar Grecia. Atenas quería detener la invasión como fuese y consiguió convencer a Leónidas I, Rey de Esparta, para que participase.
 
Leónidas, el 17º rey agíada de Esparta, fue uno de los hijos del rey Anaxandridas II. Sucedió en el trono, probablemente en 489 o 488 adC, a su hermanastro Cleómenes I y se casó con Gorgo, la hija de éste. Al tener dos hermanos mayores, Cleómenes y Dorieo, no se esperaba que pudiera llegar a reinar, pero Cleómenes falleció sin descendencia masculina y Dorieo murió, probablemente poco antes que Cleómenes, en Sicilia luchando contra los cartagineses.

La batalla más importante se celebró en un lugar llamado valle de las Termópilas. Allí esperó a los persas un ejército compuesto por 300 hoplitas espartanos (a los que hay que sumar otros 600 ilotas, pues cada espartano llevaba 2 siervos a su servicio), 500 de Tegea, otros 500 de Mantinea, 120 de Orcómeno y 1.000 hoplitas del resto de Arcadia, 400 de Corinto, 200 de Fliunte, 80 de Micenas, 700 tespios y 400 tebanos, además de 1.000 focenses y todos los locros.

Según las fuentes clásicas griegas, los soldados persas conformaban un ejército que oscilaba entre los 250.000 y el millón de efectivos. Sin embargo, la formación compacta e impenetrable de la falange griega era óptima para retener a la horda persa en un paso tan estrecho y en apariencia infranqueable.
Leónidas fue advertido sobre el gran número de arqueros que poseía Jerjes. Se le dijo que cuando disparaban, "sus flechas cubrían el sol" y "volvían noche el día". Dienekes, soldado espartano, consideraba el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Fue entonces cuando pronunció su famosa frase: "Entonces lucharemos en la sombra".


La Batalla de las Termópilas
 Se dice que Jerjes, al toparse con los soldados griegos, supuso que éstos se marcharían al ver la magnitud de su ejército. Pasaron cuatro días y Jerjes, impaciente, envió un emisario exigiendo a los griegos que entregasen sus armas inmediatamente para no ser aniquilados. Leónidas respondió: "Ven a buscarlas tú mismo".

Así dio comienzo la batalla y fila tras fila de persas se estrellaron contra las lanzas y escudos espartanos sin que éstos cedieran un centímetro. De esta forma, a pesar de la grave desventaja numérica, Leónidas y sus hombres se opusieron a las oleadas de soldados enemigos con un número mínimo de bajas, mientras que las pérdidas de Jerjes, aunque minúsculas en proporción a sus fuerzas, supusieron un duro golpe para la moral de sus tropas. Durante las noches, Leónidas solía decirles a sus hombres: "Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado."

Frustrado e impaciente, Jerjes envió al frente a sus Diez Mil Inmortales, su fuerza de élite, llamados así porque cada vez que un Inmortal caía, otro corría a reemplazarlo. Sin embargo, los resultados fueron los mismos. Los persas morían a cientos, la moral del ejército decaía y los griegos no mostraban signos de cansancio. La batalla continuó de esta forma durante tres días. Fue entonces cuando Jerjes, abatido, recibió la ayuda que necesitaba.

Un griego llamado Efialtes (que significa "pesadilla" ofreció mostrarle a Jerjes un paso alternativo que rodeaba el lugar donde estaba Leónidas para acabar con su resistencia de una vez por todas. Sin dudarlo, Jerjes envió un importante número de sus fuerzas por ese paso. Este paso se encontraba defendido por los focenses, pero al verse sorprendidos durante la noche por los persas, huyeron al primer contacto, sellando de esta manera la suerte de los defensores de las Termópilas.

Cuando Leónidas detectó la maniobra del enemigo y se dio cuenta de que le atacarían por dos frentes, reunió un consejo de guerra, donde ofreció a los griegos dos opciones: podían irse por mar a Atenas o permanecer en las Termópilas hasta el final. Quedaron él, los lacedemonios (espartanos) y algunos tebanos. Mientras el resto de la fuerza que había decidido irse se retiraba hacia Atenas, los 300 soldados de la guardia de Leónidas, los tespieos y los de Tebas se quedaron a presentar batalla hasta el final. Al despuntar el alba del cuarto día, Leónidas dijo a sus hombres: "Tomad un buen desayuno, puesto que hoy no habrá cena". Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon que Jerjes decidió abatirlos de lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que éste no cayera en manos enemigas.

La batalla duró cinco días y los persas consiguieron derrotar a los temidos espartanos, pero estos ya habían retrasado notablemente el avance persa, diezmado la moral de su ejército y matado a miles de soldados.

El sacrificio de los espartanos tuvo amplias repercusiones en la Grecia de la Antigüedad. Tal fue su fama que hasta el día de hoy es considerado como uno de los ejemplos máximos de sacrificio ante una tarea imposible, en la cual unos pocos valientes se opusieron a la maquinaria de guerra más poderosa conocida y dieron sus vidas luchando por su tierra, su honor y su libertad. Es una de las batallas más memorables y decisivas que presenció el mundo.

La hazaña fue recordada en una lápida conmemorativa escrita por el poeta Simónides, que decía así: "Oh, extranjero, informa a Esparta (Lacedemonia) que aquí yacemos todavía obedientes a sus órdenes".

Ya sea de forma poética o interpretada, el texto no debería leerse en tono imperativo, sino como una petición de ayuda aparte de un saludo para un visitante. Lo que se busca en la petición es que el visitante, una vez deje el lugar, vaya y le anuncie a los espartanos que los muertos siguen aún en las Termópilas, manteniéndose fieles hasta el fin, de acuerdo a las órdenes de su Rey y su pueblo. No les importaba morir a los guerreros espartanos, o que sus conciudadanos supieran que habían muerto. Al contrario, el tono usado es que hasta su muerte se mantuvieron fieles.


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Babilonia

El Imperio Babilónico
Babilonia fue la capital del estado de Babilonia en la baja Mesopotamia. Actualmente sus ruinas se encuentran en la provincia iraquí de Babil, 110 km al sur de Bagdad.


El nombre proviene del griego Babel, el cual deriva del nombre semita de la ciudad Babilim, que quiere decir La Puerta de Dios. La palabra semita es una traducción del sumerio Kà-dingir-ra.

Fue fundada por los amorreos y luego conquistada por los asirios y más tarde sede del nuevo imperio de Babilonia. La primera mención de Babilonia se encuentra en una tablilla cuneiforme, fechada en el siglo XXIV aC, del reino de Sargón de Acad, quien la hizo capital de un oscuro y perdido distrito de su imperio. Durante algún tiempo fue sólo una ciudad provincial más, hasta que se convirtió en la capital del imperio de Hammurabi (siglo XVIII aC). Desde entonces en adelante adquirió gran relevancia como la verdadera metrópoli de todo el sur de Mesopotamia, así como Nínive lo sería por un tiempo de Asiria.

La ciudad se construyó sobre el Éufrates, dividida en partes iguales entre sus orillas izquierda y derecha, y con terraplenes escarpados construidos para contener las inundaciones estacionales del río. Babilonia gradualmente creció en extensión y grandeza, pero con el paso del tiempo tuvo que someterse a Asiria.


Durante el reinado de Senaquerib, Babilonia sufrió un constante estado de revuelta, el cual fue sólo sofocado mediante la completa destrucción de la ciudad. En el año 689 aC sus muros, templos y palacios fueron demolidos, y sus ruinas fueron lanzadas al canal que bordeaba la antigua Mesopotamia por el sur. Este acto conmocionó la conciencia religiosa de Mesopotamia; su sucesor reconstruyó la antigua ciudad, recibió a su gente, y la hizo su residencia durante parte del año. A su muerte, Babilonia fue dejada a su hijo mayor Assurbanipal de Asiria.

En el 853 aC. Salmanasar III de Asiria y posteriormente Sargón II en el 722 aC. conquistaron el
Reino de Israel destruyendo su capital, Siquém, en Samaría, y enviando a la población al exilio y cautiverio. La mayoría de los habitantes, incluyendo la clase dirigente, fue deportada a otras tierras ocupadas por el imperio asirio, entre ellas Babilonia y se llevaron gentes de esos lugares a Samaria.
Con la caída definitiva de Asiria y la destrucción de Nínive (612 aC), Babilonia se liberó por fin del yugo asirio, y llegó a hacerse la capital de un creciente Imperio Babilónico.



Babilonia
La recuperación de la independencia babilónica bajo Nabopolasar supuso la llegada de una nueva era de actividad arquitectónica, y su hijo Nabucodonosor II hizo de Babilonia una de las maravillas del mundo antiguo. Nabucodonosor ordenó la completa reconstrucción de las tierras imperiales, incluyendo la reconstrucción de los Jardines Colgantes de Babilonia (una de las siete maravillas del mundo), de los cuales se dice haber sido construidas para su nostálgica esposa Amyitis.

Después de pasar varias vicisitudes, la ciudad fue ocupada en el 539 aC por Ciro el Grande, rey de
Persia. Bajo Ciro y su heredero, Darío I el Grande, Babilonia se convirtió en un centro de aprendizaje y avance científico. Los eruditos babilonios completaron mapas de constelaciones, y crearon los fundamentos de la astronomía y las matemáticas modernas.

Ciro permitió que Sesbasar, príncipe de la tribu de Judá, y Zorobabel llevaran a los judíos de Babilonia a
Jerusalén. Se les permitió volver con los objetos del Templo que los babilónico habían tomado, y comenzaron la construcción del segundo templo, que se concluirá en 525 aC. bajo la dirección espiritual de los profetas Ageo y Zacarías. En este tiempo Tierra Santa era una satrapía persa conocida como Yehud. En 445 aC. Artajerjes nombró virrey de Judá a Nehemías, que fortificó Jerusalén para defenderse del gobernador Samaria. Los samaritanos construyeron su propio Templo en el monte Garizim en 428 aC.

Sin embargo, bajo el reinado de Darío III Codomano, Babilonia empezó a estancarse progresivamente.


En el 331 aC el rey persa Darío III fue derrotado por las fuerzas del rey macedonio
Alejandro Magno en la batalla de Gaugamela, y en octubre Babilonia vio su invasión y ocupación. Bajo Alejandro, Babilonia floreció otra vez como centro de estudio y comercio. Pero después de la misteriosa muerte de Alejandro en el 323 aC en el palacio de Nabucodonosor, su imperio se dividió entre sus generales, los diádocos, y pronto empezaron décadas de lucha por los restos de su imperio, con Babilonia una vez más atrapada en el medio.

Las constantes revueltas fueron vaciando paulatinamente la ciudad de Babilonia. Una tabla datada en el año 275 aC afirma que los habitantes de Babilonia fueron transportados a Seleucia del Tigris, la nueva capital creada por Seleuco I Nikátor para su nuevo reino, en la cual erigió un nuevo palacio, así como fue un templo llamado E-Saggila. Con este evento la historia de Babilonia llegó prácticamente a su fin, a pesar de que más de un siglo después todavía se practicaban sacrificios en su viejo santuario. Hacia el año 141 aC, cuando los partos sometieron la región, Babilonia estaba en completa desolación y oscuridad.
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El Imperio Persa

Los arios, al establecerse en Irán, dieron origen a dos grupos principales, los medos y los persas, vasallos de Asiria. Los medos se liberaron en 624-612 aC de los asirios y reforzaron su predominio sobre los persas, que sin embargo alrededor del 550 aC los derrotaron, asegurándose una posición en el imperio. En su origen los persas y medos eran pueblos nómadas del Golfo Pérsico, en las fronteras del Imperio Asirio.

Tumba de Ciro el Grande
Bajo el reinado de Ciro II tomaron Babilonia. Posteriormente, y también bajo Ciro el Grande, derrotaron al rey Creso de Lidia en la batalla del río Halys y anexionaron Canaán (Palestina), poniendo fin al Reino de Judá. Su sucesor, Cambises II, trasladó la capital a Babilonia y anexionó Egipto tras ganar la batalla de Pelusio, siendo nombrado Faraón.




El Imperio Persa, año 490 aC
El siguiente rey persa, Darío I el Grande, llegó al poder tras una serie de intrigas que incluyeron el asesinato del legítimo heredero, Esmerdis. Atravesó los Dardanelos y conquistó Tracia, llevando a cabo una fallida campaña contra los escitas de la ribera norte del Mar Negro. Bajo su reinado las ciudades griegas de Chipre y Asia Menor se rebelaron. La revuelta fue pronto detenida gracias a la ayuda de la flota persa. La campaña de represalia que éste condujo contra la Hélade inició las Guerras Médicas.


En el 485 aC, a Darío le sucedió su hijo Jerjes I, llevando a cabo una campaña en Grecia, conocida por las batallas de las Termópilas, donde 300 espartanos se hicieron famosos por permitir gracias a su sacrificio que la flota ateniense se replegara de forma ordenada, permitiendo que la mayoría de la población de Atenas se salvara para poder pelear después en Salamina y en Platea. El sacrificio de Leónidas y sus 300 espartanos motivó de manera ejemplar a los griegos.
El imperio llegó a su fin al ser derrotado por el ejército de Alejandro Magno quien ordenó la destrucción de Persépolis en lo que constituye uno de los hitos de la historia universal.

El gobierno estaba a cargo de una monarquía absolutista, con la cual colaboraban gran número de funcionarios. El territorio fue dividido por Darío en 20 satrapías, siendo las más importantes las de Lidia, Media, Asiria, Babilonia, Egipto e India, comunicadas por una gran red de caminos, contando con postas para cambiar sus cabalgaduras.
A cargo de las satrapías, estaban los sátrapas, que imponían a los habitantes fuertes tributos que servían para mantener el ejército. El pueblo persa pagaba impuestos sólo en ocasiones extraordinarias. A su vez, los sátrapas, eran supervisados por los inspectores reales, a quienes se los denominaba “los ojos y oídos del rey”.


La capital religiosa era Persépolis, construida por Darío I, y las tres capitales administrativas, eran Susa, Ecbatana y Pasargada. En todas ellas se erigieron importantes palacios para honrar al soberano.


Contaban con un poderoso ejército, destacándose la guardia real, formada por diez mil hombres (los Diez Mil Inmortales) que realizaban la defensa del territorio y la conquista de otros nuevos, pero con una actitud respetuosa hacia los pueblos dominados, a quienes reconocieron su identidad cultural, al respetar su religión y sus costumbres. Por ejemplo, los judíos pudieron volver de Babilonia a Palestina y reconstruir el Templo de Jerusalén.

 
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Siglo XIII: Los tres Imperios Romanos

Hacia el siglo XIII existían al mismo tiempo en tres Imperios que reclamaban ser Imperios Romanos: El Imperio Latino, el Imperio Bizantino y el Sacro Imperio Romano Germánico.
 
Estandarte del Imperio Latino

En 1204, los caballeros de la Cuarta Cruzada establecieron un estado cruzado conocido como Imperio Latino o Rumania, con base en Constantinopla, tras saquear la ciudad. Se proclamaban como los sucesores cristianos del Imperio Bizantino. El nombre latino del emperador era Imperator Romaniae, o Emperador de Rumania. El nombre no tiene nada que ver con el estado actual; es la forma latina del título de Emperador Bizantino, a quien el emperador latino esperaba reemplazar.



El Imperio Latino reclamó todas las tierras controladas por el Imperio Bizantino en el momento en que Constantinopla fue conquistada y ejercieron control sobre áreas de Grecia (los Estados Cruzados: el Reino de Tesalónica, el Principado de Acaia y el Ducado de Atenas).
 
Asia menor en 1204
Sin embargo, la mayoría del territorio permaneció en manos de estados rivales dirigidos por aristócratas del antiguo imperio, como el Despotado de Epiro, el Imperio de Nicea y el Imperio de Trebisonda. El Imperio Latino finalizó el 25 de julio de 1261 cuando Miguel VIII Paleólogo reconquistó Constantinopla, derrocando al último emperador latino Balduino II.


Bandera del Imperio Bizantino
Otro "Imperio Romano" era el Imperio Bizantino, que nunca se llamó de esta forma, y cuyo emperador era denominado Basileos Rhomaion, o emperador de los romanos. 


"Imperio Bizantino" es un término moderno que hubiera resultado extraño a sus contemporáneos. El nombre original del Imperio en griego era Romania o Basileía Romaíon, traducción directa del nombre en latín del Imperio Romano, Imperium Romanorum.

La expresión "Imperio Bizantino" (de Bizancio, antiguo nombre de Constantinopla) es una creación posterior a la caída de Constantinopla. El éxito del término puede guardar cierta relación con el histórico rechazo de occidente a ver en el Imperio Bizantino al heredero legítimo de Roma, al menos desde que, en el siglo IX, Carlomagno y sus sucesores esgrimieron el documento apócrifo conocido como "Donación de Constantino" para proclamarse, con la connivencia del Papado, emperadores romanos.

Bandera del
Sacro Imperio Romano Germánico

Desde esta época, en las tierras occidentales el título Imperator Romanorum (emperador de los romanos) quedó reservado a los soberanos del Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que el emperador de Constantinopla era llamado Imperator Graecorum (emperador de los griegos), y sus dominios, Imperium Graecorum, Graecia, Terra Graecorum o incluso Imperium Constantinopolitanus. Los emperadores de Constantinopla nunca aceptaron estos nombres. De hecho, los pobladores bizantinos se declaraban herederos del Imperio Romano y los emperadores de Constantinopla se enorgullecían de un linaje ininterrumpido desde Augusto.

El otro "Imperio Romano", entonces, fue el Sacro Imperio Romano Germánico. El Sacro Imperio Romano Germánico (Heiliges Römisches Reich Deutscher Nation o Sacrum Romanum Imperium Nationis Germaniae) fue la unión politica de un conglomerado de estados de Europa Central, que se mantuvo desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

El Sacro Imperio Romano Germánico
Formado en 962, tiene sus orígenes en la parte oriental de las tres en que se dividiera el Imperio Carolingio. Desde entonces, el Sacro Imperio se mantuvo como la entidad predominante en Europa central durante casi un milenio y hasta su disolución en 1806 por Napoleón I.

La denominación del Sacro Imperio varió a lo largo de los siglos. En 1034 se utilizaba la fórmula Imperio Romano, y no fue hasta 1157 que se empezó a usar el término Sacro Imperio. Por otro lado, el uso del término Emperador Romano hacía referencia a los gobernadores de las tierras europeas del norte y comenzó a emplearse en 973.

Los emperadores anteriores, desde Carlomagno (muerto en 814) hasta Otón I el Grande (emperador entre 962 y 973), habían utilizado simplemente el título de Imperator Augustus ("Emperador Augusto"). El término Sacro Imperio Romano comienza a ser usado a partir de 1254; y el término Sacro Imperio Romano Germánico data de 1512, después de muchas variaciones en los últimos años del siglo XV.

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La Diáspora


El primer exilio o diáspora judía ocurrió en el año 606 adC, cuando los babilonios conquistaron el Reino de Judá, derrumbaron el primer Templo y trasladaron a los líderes judíos a Babilonia. Setenta años más tarde, el rey persa Ciro II el Grande permite a los judíos retornar a la Tierra de Israel tras haber conquistado a los babilonios. Sin embargo, algunos se quedaron y la comunidad judía de Bagdag siguió existiendo hasta el siglo XX y la emigración de la misma al Estado de Israel.

El segundo exilio se produjo luego del año 70 dC cuando el general romano Tito, futuro emperador, derrotó a la revuelta judía, derrumbó el segundo Templo. Un mayor número de judíos fue expulsado luego de que fuera aplastada la rebelión de Bar Kojba en el año 135 dC. Desde Italia, los judíos emigraron a Francia y Alemania, y desde allí a Inglaterra, Escandinavia y Europa oriental, llegando a ser conocidos como askenazis. Bajo el dominio del Islam, los judíos de África del norte se trasladaron hacia el oeste, llegando a la península Ibérica. Después de la expulsión de los judíos de España por los Reyes Católicos en el siglo XV, estos judíos, conocidos como sefardíes, se restablecieron en los Países Bajos, los Balcanes, Turquía, Palestina y en el continente americano. Durante los siglos XIX y XX, muchos judíos de Europa central y oriental, se fueron a América y, después de la II Guerra Mundial, grupos de judíos de distintos lugares emigraron a Israel.

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El Libro de los Salmos


El Libro de los Salmos forma parte del Antiguo Testamento de la Biblia. También se le conoce como Alabanzas o Salterio.

Tal y como están numerados actualmente los salmos, el libro comprende 150 composiciones poéticas con un gran contenido religioso. Estas composiciones responden a los más diversos géneros y son la expresión del ruego del alma hebrea a Dios ante un variado número de circunstancias. Así, existen salmos públicos y privados, de alegría y tristeza, para eventos triunfales o graves derrotas, súplicas, lamentos, reflexiones psicológicas, canciones de agradecimiento y numerosas alabanzas. Los Salmos recorren todo el espectro de posibles expresiones religiosas, desde el individuo privado hasta el templo y la comunidad entera.
Como muchos de ellos son precisamente alabanzas, así se lo llama en hebreo, Tehilim.

En la versión griega de los LXX el libro se denomina "Salterio", que es el nombre del instrumento de cuerdas con que los oficiantes judíos acompañaban los cánticos de alabanza a Yahvé. Por extensión, más tarde el término se aplicó a la colección de himnos y finalmente al libro que la contuvo.

El libro completo es atribuido tradicionalmente al rey David. Sin embargo, no todos los salmos contienen la frase "de David". Los que sí lo afirman deben haber sido escritos por un mismo autor, ya que coinciden en el estilo literario y en el uso de un mismo vocabulario.

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David

David

David
En la Biblia, el nombre de David sólo lo ostenta el segundo rey de Israel. Era el más joven de los ocho hijos de Isaí, o Jesé, un pequeño propietario de la tribu de Judá que habitaba en Belén, donde nació David. Según la cronología usual, David nació en 1085 y reinó de 1055 a 1015 a.C.

Aparece primero en la historia sagrada como un joven pastor que cuidaba los rebaños de su padre en los campos cercanos a Belén, "rubio, de bellos ojos y hermosa presencia”.

Samuel, el profeta y último de los jueces, fue enviado a ungirlo en lugar de Saúl, a quien Dios había rechazado por su desobediencia; esta unción lo marcó como sucesor al trono después de la muerte de Saúl.


Mientras sus tres hermanos mayores estaban en el campo, luchando bajo Saúl contra los Filisteos, David fue enviado al campamento con algunos comestibles y regalos; allí oyó las palabras con las que el gigante, Goliat de Gat, desafiaba a todo Israel a un combate singularizar y él se ofreció para matar al filisteo con la ayuda de Dios. Su victoria sobre Goliat provocó la derrota del enemigo.

David

La victoria de David sobre Goliat le ganó la amistad entrañable de Jonatán, el hijo de Saúl. Obtuvo un lugar permanente en la corte, pero su gran popularidad y las imprudentes canciones de las mujeres excitaron los celos del rey, que intentó matarlo en dos ocasiones. Por mediación de Jonatán fue perdonado durante un tiempo, pero el odio de Saúl le obligó finalmente a huir de la corte.

Como vasallo del rey filisteo, se estableció en Sicelag, desde donde hizo incursiones a las tribus vecinas, devastando sus tierras y no dejando con vida hombre ni mujer. Sin embargo, cuando los filisteos se prepararon para emprender la guerra contra Saúl, los otros príncipes filisteos no fueron partidarios de confiar en David, y él regresó a Sicelag. Durante su ausencia había sido atacada por los amalecitas. David los persiguió, destruyó sus fuerzas y recuperó todo su botín. Entretanto había tenido lugar la fatal batalla en el monte de Gelboé, en la que Saúl y Jonatán fueron muertos.

Por mandato de Dios, David, que tenía ahora treinta años, subió a Hebrón para reclamar el poder real. Los hombres de Judá lo aceptaron como rey y fue ungido de nuevo, solemne y públicamente. El resto de Israel permanecía fiel a Isbóset, hijo de Saúl. Israel atacó las fuerzas de David, pero fue derrotado en Gabaón. La guerra civil continuó durante algún tiempo, pero el poder de David aumentaba continuamente. Isbóset fue asesinado por dos benjamitas y David fue aceptado por todo Israel y ungido rey. Su reinado en Hebrón sobre Judá había durado siete años y medio.

En Hebrón tuvo seis hijos: Amnón, Quilab, Absalón, Adonías, Sefatías, y Yitreán.

David tuvo éxito en sus sucesivas guerras, haciendo de Israel un estado independiente y provocando que su propio nombre fuera respetado por todas las naciones circundantes. Una notable hazaña fue, al principio de su reinado, la conquista de la ciudad jebusita de Jerusalén, a la que hizo capital de su reino, “la ciudad de David”, el centro político de la nación. Construyó un palacio, tomó más esposas y concubinas, y engendró más hijos e hijas. Habiéndose liberado del yugo de los filisteos, resolvió hacer de Jerusalén el centro religioso de su pueblo, transportando el Arca de la Alianza desde Baalá. La trajo a Jerusalén y la puso en la nueva tienda construida por el rey. Después, cuando propuso construir un templo para ella, le fue dicho, por el profeta Natán, que Dios había reservado esta tarea para su sucesor. En premio a su piedad, le fue hecha la promesa de que Dios le construiría a una casa y establecería su reino para siempre.

Cuando el Arca fue llevada a Jerusalén, David emprendió la organización del culto religioso. Las funciones sagradas se confiaron a 24.000 levitas; además 6.000 fueron escribas y jueces, 4.000 porteros, y 4.000 cantores. Organizó las diversas partes de los ritos, y asignó a cada sección sus tareas. Los sacerdotes estaban divididos en veinticuatro familias; los músicos en veinticuatro coros. A Salomón había sido reservado el privilegio de construir la casa de Dios, su Templo; pero David hizo amplias preparaciones para el trabajo reuniendo tesoros y materiales, así como transmitiendo a su hijo un plan para el edificio y todo sus detalles.

David estaba dotado de amplias habilidades poéticas y musicales. Su conexión con el Libro de los Salmos, muchos de los cuales se le atribuyen expresamente, fue tomada para atribuirle por parte de muchos, todo el Salterio.


David no fue meramente un rey y gobernante, también fue un profeta. Los Salmos mesiánicos se refieren al sufrimiento, la persecución y la liberación triunfante de Cristo, o a las prerrogativas conferidas a Él por el Padre. Además de estas profecías directas, el propio David siempre ha sido considerado como un modelo del Mesías. En esto la Iglesia siguió las enseñanzas de los profetas del Antiguo Testamento. El Mesías sería el gran rey teocrático; David, el antepasado del Mesías, era un rey según el corazón de Dios. Se atribuyen sus cualidades y su mismo nombre al Mesías. Episodios en la vida de David son considerados por los Padres como prefiguración de la vida de Cristo; Belén es el lugar de nacimiento de ambos; la vida de pastor de David apunta hacia Cristo, el Buen Pastor; las cinco piedras escogidas para matar a Goliat son tipo de las cinco llagas; la traición por su consejero de confianza, Ajitófel, y el pasaje en el Cedrón recuerdan la Sagrada Pasión de Cristo. Muchos de los Salmos davídicos, tal y como los comprendemos, desde el Nuevo Testamento, son claramente el anuncio del futuro Mesías.

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Jerusalén
Salomón
El Templo de Jerusalén
El Arca de la Alianza

El Reino de Israel

Las 12 Tribus de Israel
Tras salir de Egipto, casi tres millones de israelitas vagaron por el desierto durante una generación, para invadir luego la tierra de Canaán destruyendo ciudades cananeas, como Ai, Jericó y Hazor bajo las órdenes de Josué.

En sus ataques iniciales bajo Josué los hebreos ocuparon la mayoría de Canaán, que repartieron según las líneas familiares tradicionales derivadas de los hijos de Jacob y de José (las tribus de Israel). No había ningún gobierno formal, y el pueblo era guiado por los jueces.


En 1140 aC las tribus cananeas intentaron expulsar a las tribus israelitas del norte y centro del país. Según la Biblia, la defensa de los israelitas fue conducida por Barak y la profetisa Débora, derrotando a los cananeos. En 1020 aC el pueblo de Israel, dirigido por Samuel, derrota a los filisteos al norte de Jerusalén. Israel pacta con los cananeos para mantener el control sobre aquellos.





El Reino de Israel
Según los libros de Samuel, el último de los jueces, la nación pidió un rey porque los hijos de Samuel, que habían sido designados como jueces, emplearon mal su cargo; aunque él intentó disuadirlos, los israelitas estaban resueltos, por lo que Saul ben Qish, de la tribu de Benjamín, fue ungido como rey por Samuel.




El Reino unido de Israel
El Reino de Israel abarcaba en la época de máxima expansión una extensión muy superior a la del actual estado de Israel, ya que se extendía del sur del Líbano a la península del Sinaí y del mar Mediterráneo al río Jordán, según las escrituras bíblicas.

El reinado de Saúl fue corto. Murió en batalla contra los filisteos; fuentes antimonárquicas implican a David, sugiriendo que él había estado al lado de los filisteos. El heredero, Ishbaal ben Saúl, asumió el control de Israel pero gobernó solamente dos años antes de que lo asesinaran. David, que se había convertido en rey de Judá, acabó con los rebeldes y fue designado rey de Israel en lugar de Ishbaal. Cierto número de críticos y eruditos bíblicos han sugerido que David fue realmente responsable del asesinato, y su posición al contrarrestar la rebelión era un intento de legitimarse.


Israel se rebela y designa a Absalom, hijo de David, como nuevo rey. La Biblia entonces describe como Israel se rebela, asume el control de Judea, forzando a David al exilio al este del Jordán. Pero David lanzó un contraataque y triunfó, aunque con la pérdida de Absalom, su hijo. Reconquistada Judea, y afirmado el control sobre Israel, David regresa al oeste del Jordán, aunque continúa sufriendo rebeliones por parte de Israel, superando con éxito cada una. Tras arrebatar Jerusalén a los jebuseos, trasladó a esta ciudad fortificada la corte, que estaba en Hebrón, y el Arca de la Alianza, que se encontraba en Quiryat Yearim.

Bajo su gobierno, Israel pasó de reino a imperio, y su esfera de influencia militar y política en el Oriente Medio se amplió, controlando a estados más débiles como a los filisteos, Moab, Edom, Ammon, y convirtiendo en vasallas a algunas ciudades-estados arameas. Las fronteras iban del mar Mediterráneo al desierto árabe, del mar Rojo al río Éufrates.
A la muerte de David le sucedió su hijo Salomón, que obtuvo el reino sobre su hermano mayor, Adonías, a quién mató más adelante. El reinado de Salomón trajo una paz sin precedentes.

Tanto David como Salomón firmaron alianzas con el rey de Tiro, y a cambio de la devolución de sus tierras llegaron en gran número artesanos, trabajadores expertos, dinero, joyas, madera de cedro y otras mercancías. Salomón reconstruyó gran número de ciudades importantes, como Megido, Hazor, y Gazer. Emprendió numerosas obras arquitectónicas, entre las que destaca por encima de todas la construcción del Templo de Jerusalén como asiento para el Arca de la Alianza; también levantó un palacio y realizó obras públicas como un terraplén que unía el templo con la ciudad de Jerusalén.
Reinó durante 40 años, durante los cuales la seguridad interna y el control de las vías de comunicación facilitaron la expansión del comercio, trayendo una gran prosperidad.


La división del Reino: Israel y Judá

Los Reinos de Israel y Judá
A la muerte de Salomón, circa 926 aC, dejando como heredero a su hijo Roboam, las tensiones entre el norte de Israel que contenía las 10 tribus norteñas, y la sección meridional con las tribus de Judá y Benjamín y capital en Jerusalén, alcanzaron un punto de crisis. Cuando en 920 aC. Roboam desoyó las quejas económicas, Israel quedó partido en 2 reinos: el de Israel (incluyendo Siquem y Samaría), en el norte y el de Judá (con Jerusalén) en el sur; la mayoría de las provincias no-hebreas se separaron.

El reino de Israel, al norte, se mantuvo como estado independiente desde el año 930 aC. hasta el 720 aC., cuando fue conquistado por el imperio asirio. El reino de Judá, existió hasta el 586 aC., cuando fue conquistado por el imperio babilónico.

El final del Reino de Israel

En el 853 aC. Salmanasar III de Asiria y posteriormente Sargón II en el 722 aC. conquistaron Israel destruyendo su capital, Siquém, en Samaría, y enviando a la población al exilio y cautiverio. La mayoría de los habitantes, incluyendo la clase dirigente, fue deportada a otras tierras ocupadas por el imperio asirio y se trajeron gentes de esos lugares a Samaria. Así, dispersados entre otras naciones, asimilados en nuevas culturas, llegaron a perder su identidad original. Nunca volvieron, como pueblo, a la tierra de Israel; se les llamó las diez tribus perdidas.

El final del Reino de Judá
En 586 aC. Babilonia conquista Judá. Gran parte de la población, sobre todo la nobleza, fue deportada a Babilonia. Entre 722 y 586 aC. Se produce la primera diáspora. Los judíos fueron tomados como esclavos en lo que se refiere comúnmente como Cautiverio de Babilonia, o bien huyeron a Egipto, Siria, Mesopotamia, o Persia. En 559 aC. Ciro II el Grande se convirtió en rey de Persia, conquistando Babilonia en el 539 aC. El Imperio Persa gobernó Asia occidental, incluyendo a Israel, hasta el 333 aC.


Ciro permitió que Sesbasar, príncipe de la tribu de Judá, y Zorobabel llevaran a los judíos de Babilonia a Jerusalén. Se les permitió volver con los objetos del Templo que los babilónico habían tomado, y comenzaron la construcción del segundo templo, que se concluirá en 525 aC. bajo la dirección espiritual de los profetas Ageo y Zacarías. En este tiempo Tierra Santa era una satrapía persa conocida como Yehud.
En 445 aC. Artajerjes nombró virrey de Judá a Nehemías, que fortificó Jerusalén para defenderse del gobernador Samaria. Los samaritanos construyeron su propio Templo en el monte Garizim en 428 aC.

Los persas fueron derrotados por Alejandro Magno, en el 331 aC., en cuyo imperio queda incluido Israel. Se dice que no atacó Jerusalén después que una delegación de judíos lo satisficiera y le aseguraran su lealtad, mostrándole ciertas profecías contenidas en las escrituras.
En el 323 aC. moría Alejandro, y en la lucha por el poder Israel cambió de manos por lo menos cinco veces en apenas veinte años. Babilonia y Siria fueron gobernadas por los seléucidas, y Egipto por los ptolomeos. En esta época comenzaron a tomar importancia algunas sectas, como los fariseos, saduceos y esenios.


El rey seléucida Antíoco IV Epífanes atacó y venció a los ptolomeos y conquistó su imperio, saqueando Jerusalén para usar los fondos del Templo. Entre 174-163 aC. promulgó varias ordenanzas para conseguir la helenización de los judíos: trató de suprimir el culto a Yahveh, prohibió el judaísmo suspendiendo toda clase de manifestación religiosa y trató de establecer el culto a los dioses griegos. Pero el sacerdote judío Matatías y sus dos hijos (los Macabeos) consiguieron levantar a los "judíos piadosos" (jasidim) en su contra y lo expulsaron. La fiesta judía de Jánuca conmemora este hecho (I Macabeos).

Reino asmoneo

Judas Macabeo recuperó Jerusalén en 164 aC, purificando el Templo, reanudando los sacrificios; en 150 aC se expulsó a los sirios de Jerusalén, formandose Judá como Estado judío independiente. Comenzaba el reinado de los Asmoneos, apoyado por los fariseos (168-142 aC.). Cuando el imperio seléucida cayó en 129 aC, el estado judío adquirió plena autonomía.

Juan Hircano, hijo de Simón Macabeo y sumo sacerdote, gobernó desde Jerusalén entre 134 y 104 aC, pero no fue reconocido como rey al no ser descendiente de David. Se anexionó Jordania, Samaria, Galilea e Idumea, con el apoyo de Roma. Los idumeos fueron forzados a convertirse al judaísmo.

Palestina en el sigloI

Ocupación romana
En el año 63 aC. Pompeyo conquistó la región, convirtiéndola en reino tributario de Roma, y entre 57 y 55 aC. Aulo Gabinio, procónsul de Siria, repartió el reino asmoneo en Galilea, Samaría y Judea, con 5 distritos bajo la jurisdición de un Sanedrín. Reprimió una revuelta popular y restituyó a Juan Hircano II como sumo sacerdote.


En 40 aC. Herodes el Grande fue designado rey de los judíos por el Senado romano, lo que no indicaba independencia pero sí una cierta autonomía. Le sucedió Herodes Antipas, nombrado tetrarca de Galilea y Perea el año 4 aC. Durante su reinado nacieron Jesús y San Juan Bautista, seguramente en el año 4 aC.


En el año 6, Arquelao, etnarca de Samaría, Judea e Idumea fue depuesto por Augusto, y el territorio se anexionó a Siria como Provincia de Judea, con capital en Cesárea, bajo gobierno directo de Roma.
Siguió un breve periodo de paz en Judá y Galilea durante los años 7-26. El año 26 Poncio Pilatos fue nombrado gobernador de Judea. Durante su mandato (26 - 36) fue decapitado Juan Bautista y crucificado Jesús.

En el año 66 comienza la primera de las guerras judeo-romanas, cuando Eleazar ben Ananías cesó los rezos y los sacrificios en el Templo en honor al emperador romano y mandó atacar a la guarnición de Jerusalén, todo ello debido al robo del tesoro del Templo. Herodes Agripa II huyó y los judíos consiguieron hacer frente al legado de Siria hasta la llegada del general Vespasiano en el año 67, que logró conquistar el norte. En el 69 fue nombrado emperador, dejando a su hijo Tito el encargo de tomar Jerusalén, cosa que logró en el 70, destruyendo el segundo Templo. La última fortaleza rebelde, Masada, cayó el año 73. A continuación, los romanos sustituyeron la figura del procurador por un pretor, y estacionaron de forma permanente la X Legión.

Tras la revuelta, toda Judea se convirtió en una provincia en ruinas, con una Jerusalén reducida a escombros y el Templo destruido. Aproximadamente 1.100.000 judíos murieron y 97.000 fueron capturados y esclavizados. Desde el punto de vista histórico, la derrota de los judíos fue una de las causas de la Diáspora, numerosos judíos se dispersaron tras perder su estado y algunos de ellos fueron vendidos como esclavos en diferentes lugares del Imperio Romano, y una de las mayores catástrofes de la historia judía, que acabó con la historia del estado judío en la antigüedad. Desde el punto de vista religioso, por otro lado, la destrucción del Templo de Jerusalén supuso la pérdida espiritual más importante de los judíos, que todavía hoy recuerdan en el día de duelo de Tisha b'Av.



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Jerusalén


Jerusalén

Jerusalén es una de las ciudades más antiguas del mundo, habitada por los jebuseos antes de la llegada de las tribus hebreas a Canaán a principios del siglo XIII aC. Fue la antigua capital del Reino de Israel y del Reino de Judá, y siglos más tarde del Reino de Jerusalén.


El relato bíblico muestra a los jebuseos controlando la ciudad, habitando los terrenos cercanos a la ciudad actual hasta el siglo XI aC, cuando David conquistó su ciudad, Jebus. En torno al año 1004 aC el rey David de Israel y de Judá conquistó Jerusalén a los jebuseos y la convirtió en capital de su reino unificado. Su hijo Salomón construyó en pocos años el Templo de Jerusalén, destinado a contener el Arca de la Alianza y las Leyes que Yahvé otorgó a Moisés en dos tablas de piedra en el Monte Sinaí. Éste sería el único templo que permitiría la ley religiosa hebrea consagrado al culto de Yahvé.

Tras la separación de Israel y Judá en el 922 adC, Jerusalén pasó a ser la capital del reino de Judá. Conoció posteriormente distintas etapas de dominación extranjera, primero bajo la influencia de los asirios, que sometieron al reino de Judá al pago de tributo, y luego directamente por los babilonios (597-546 aC), los persas (546-332 aC), los macedonios (332-312 aC) y por sus herederos los seléucidas (312-130 aC). Desde este momento, bajo el gobierno de los asmoneos conocería un periodo de relativa independencia, si bien sería conquistada, junto con todo el reino, por las tropas romanas de Pompeyo en el 64 aC.

En el año 66 dC tuvo lugar una revuelta de los judíos que supuso el asedio de la ciudad y su toma por Tito en el año 70, junto con la segunda destrucción del Templo de Jerusalén. El proyecto de reconstrucción de Adriano como una ciudad completamente romana (Aelia Capitolina) supuso la revuelta definitiva de los judíos entre los años 132 y 135, finalizando con la caída de Masada y el inicio de la Diáspora judía.

Posteriormente, la ciudad conoció las dominaciones bizantina árabe, para ser conquistada en 1099 por los ejércitos cristianos que promovieron las Cruzadas, creándose el Reino de Jerusalén. Tras el desastre en los Cuernos de Hattin (1187), Saladino tomó la ciudad nuevamente ese mismo año, y, salvo el pequeño intervalo de nueva dominación cristiana entre 1228 y 1244, los cruzados no volvieron a tomar la ciudad.



Tras la dominación mameluca, los turcos otomanos se hicieron con su control a partir del año 1517. La muralla que hoy rodea la Ciudad Vieja fue construida a principios de este período por el sultán Solimán el Magnífico. Estas murallas cuentan con ocho puertas. Siete están abiertas y una permanece sellada. La Puerta Dorada, la única que esta sellada, es llamada en hebreo y árabe la "Puerta de la Misericordia". De acuerdo a la tradición judía, por esta puerta el Mesías entrará en Jerusalén. Para impedir la entrada del Mesías, los árabes la sellaron hace ya varios siglos. Además se dice que sellaron esta puerta para evitar el ingreso del demonio.

Desde 1950, tras la primera guerra árabe-israelí, su sector occidental es la capital oficial del Estado de Israel.
El estatus de la parte oriental de la ciudad, conquistada en 1967 por Israel, se encuentra disputado, ya que es en este sector, referido habitualmente como Jerusalén Este o Jerusalén Oriental, que incluye la Ciudad Vieja, donde la Autoridad Nacional Palestina pretende establecer la capital de su futuro Estado. Israel no acepta las reclamaciones palestinas, y tras la Guerra de los Seis Días considera la ciudad como un todo unificado y un mismo municipio, declarándola como su capital indivisible mediante la Ley de Jerusalén en 1980. En señal de protesta por esta anexión unilateral, los Estados miembros de las Naciones Unidas acabaron por trasladar sus embajadas a Tel Aviv. 

En Jerusalén Este se encuentra la Ciudad Vieja, con los principales lugares religiosos del Cristianismo y el Judaísmo, y el Monte del Templo o Explanada de las Mezquitas, lugar también sagrado para los musulmanes. La Ciudad Vieja está dividida en cuatro barrios, de mayor a menor, el barrio árabe, el barrio judío, el barrio cristiano, y el barrio armenio.



Lugares santos para Judaísmo, Cristianismo e Islam



El Santo Sepulcro
Jerusalén es considerada una ciudad sagrada por las tres grandes religiones monoteístas: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Para el Judaísmo es allí donde el Rey Salomón estableció el Templo y hacia donde deben dirigirse las plegarias; para el Cristianismo es allí donde predicó Jesús y fue crucificado; el Islam recoge de estas religiones el carácter sagrado de la ciudad, a la que miraban los primeros musulmanes al rezar, antes de pasar a hacerlo de cara a La Meca.

Según la religión musulmana:

* El Domo de la Roca: El más importante templo musulmán en Jerusalén. Ubicado en el centro del Monte del Templo, es un santuario -no una mezquita- construido entre los años 687 y 691 alrededor de la roca en la que Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Ismael (en la religión judía era el segundo hijo, Isaac) y desde la cual Mahoma ascendió hasta el trono de Dios en el curso de un fantástico viaje nocturno a la ciudad desde Medina.

Según la religión judía:
* El Muro de las Lamentaciones: Este es el lugar más importante para los judíos. Último remanente del templo judío construido por Herodes sobre las ruinas del templo de Salomón. Comprende el Muro Occidental, sección principal del Muro, ubicado en el vecindario judío de la Ciudad Vieja; y el Pequeño Muro, extensión del Muro Occidental, ubicado en un vecindario árabe, es lugar de oración para los judíos de distintas corrientes.



Según la religión cristiana:
* Iglesia del Santo Sepulcro: Allí está el Calvario donde fue crucificado Jesús, así como el "Sepulcro del Salvador". Es el lugar más santo del cristianismo.
* Cenáculo: Habitación del piso alto donde Jesús celebró la Última Cena, y donde se apareció a los apóstoles y donde estos recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés.
* Basílica de las Naciones o de la Agonía: Ubicada en el Monte de los Olivos, donde Jesús pasó sus últimos momentos antes de ser detenido.
* Iglesia del Dominus Flevit: Desde allí, Jesús contempló la ciudad santa y lloró por ella en el Domingo de Ramos.
* Iglesia del Pater Noster: Lugar donde Jesús enseñó esa oración a los discípulos.
* San Pedro in Gallicantu: Iglesia que recuerda el lugar donde estaba la casa de Caifás donde fue juzgado Jesús y donde fue negado por Pedro.
* Litostrotos: Pavimento de la antigua Fortaleza Antonia de los romanos donde Jesús fue coronado de espinas y ultrajado por los soldados romanos.
* Vía Dolorosa: Camino que siguió Jesús con la cruz desde la Fortaleza Antonia hasta el Calvario. En él están marcadas las estaciones, estando las últimas en la Basílica del Santo Sepulcro.
* Basílica del la Dormición: Recuerda el lugar donde según la tradición cristiana murió la Virgen, rodeada por los apóstoles. En su cripta se halla una imagen de la Virgen Yacente.
* Iglesia de Santa Ana: En ella, de acuerdo a la tradición cristiana, nació la Virgen María.
* Edícula de la Ascensión: Lugar donde el cual Jesús subió al cielo.


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