Palestina en tiempos de Jesús: sociedad

En la época de Jesús, el pueblo judío estaba sometido al poder romano que ejercía su dominio a través de su procurador o gobernador. Las autoridades romanas exigían tributos personales y territoriales para el César, y aportes en especie para el mantenimiento de sus tropas de ocupación.

Existían diferentes clases sociales:
Clase alta: Sumos sacerdotes, Jefes romanos, grandes terratenientes, ricos comerciantes, jefes de recaudadores de impuestos.
Clase media: Artesanos, recaudadores, maestros de la ley, sacerdotes.
Clase baja: Pueblo (campesinos, pescadores, pastores) enfermos pobres, esclavos, leprosos.
Entre los grupos dominantes, se encontraban:





Saduceos
Tomaron su nombre de Sadoc, sumo sacerdote que ungió rey a Salomón durante la era del Primer Templo. Las principales familias sacerdotales aseguraban que descendían de él y que mantenían su ideología. Constituían una especie de partido compuesto por la aristocracia, los grupos más ricos de los sacerdotes y de los civiles.
En tiempos de Jesús, pertenecían a este grupo las familias sacerdotales dirigentes y las principales familias de los grandes comerciantes de la ciudad, además de los hacendados más ricos del campo. Entre ellos se apoyaban mutuamente, pues coincidían en sus intereses. Los jefes de esa aristocracia sacerdotal y laica (los ancianos) formaban parte del Sanedrín. El influjo de estos personajes en la política y en la administración de justicia en Palestina para ese tiempo era decisivo.

Eran "conservadores" en religión; en su doctrina sólo admitían la Torah o Ley de Moisés, que está exclusivamente en los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Se atenían estrictamente a la letra de lo que dicen esos libros; eran pues fundamentalistas y por eso, rechazaban todo desarrollo posterior de esa doctrina. Según los saduceos, los sacerdotes eran los únicos intérpretes de la Ley; no querían que los fariseos laicos la interpretaran, y sospechaban de los profetas.
Viendo que en la Torah no se habla de la resurrección de los muertos ni de otra vida, no creían en ella, por considerarla un concepto novedoso. Para ellos todo terminaba con la muerte y aseguraban que no hay más salvación que la terrenal.
Estaban a favor del nacionalismo judío, eran acérrimos defensores del Estado del Templo, les interesaba estar a bien con los romanos para mantener sus privilegios.

Sacerdotes
Israel en tiempos de Jesús era una auténtica Teocracia. Los sacerdotes habían organizado a los judíos después del destierro de Babilonia (538 a.C.) y los habían dirigido en los asuntos espirituales y materiales; en tiempos de Jesús continuaban en posesión del poder político y social. El sacerdocio no era por vocación sino hereditario, según la Ley. Sólo podían ser sacerdotes los descendientes de Aarón, el hermano de Moisés. Formaban pues, un círculo cerrado y estrechamente unido.
Los sacerdotes no estaban encargados de la enseñanza de la Ley, esto era propio de los escribas.
Por la cantidad de culto que existía en el templo y para atenderlo se necesitaban 300 sacerdotes ayudados por 400 levitas; estos últimos eran descendientes de la tribu de Leví, eran una especie de "bajo clero", encargados de servicios auxiliares del culto y también de los servicios de policía del templo.

El sacerdote más importantes era el Sumo Sacerdote, jefe de todos los judíos de Palestina y del extranjero, responsable principal del templo, administrador, presidente, por oficio, del Sanedrín o Gran Consejo. Era el único mortal que entraba en la parte más íntima, sagrada e importante del Templo: el "Sancta Santorum": tres veces, un solo día al año, el "Día de la Expiación" (el Yom Kippur o día de penitencia instituido por Dios).
A partir del año 37 a.C., Herodes primero y luego los procuradores o gobernantes romanos tenían el derecho de nombrar y deponer a los Sumos Sacerdotes; desde entonces el cargo no era hereditario ni vitalicio.

Otros sacerdotes principales eran el Comandante del Templo, responsable del orden, los tres Sacerdotes Tesoreros, a cargo de las finanzas y los Sacerdotes Vigilantes, quienes guardaban las llaves del templo y se responsabilizaban de la vigilancia y orden bajo la autoridad del Comandante del Templo.

Ancianos
Eran también llamados "Senadores del pueblo". La palabra anciano no se refería a persona de más edad, a viejos de Jerusalén; en sentido estricto los "ancianos" eran el grupo del Sanedrín distinto de los sacerdotes-jefes y de los escribas fariseos. Estaba compuesto por los jefes de las familias más ricas e influyentes de Jerusalén. Eran la aristocracia seglar, los poderosos, esto por el dinero ya que eran los propietarios de grandes haciendas y los comerciantes más ricos.
Estaban ligados al poder romano, que supo atraérselos entregándoles en arriendo el cobro de impuestos; así, los romanos dominan, por su medio, el Sanedrín. Estaban muy interesados en defender el orden establecido, pues en él se basaba la conservación y mejora de su posición, dinero e intereses.
Eran conservadores en cuestiones de religión y se atenían estrictamente a la letra de la Escritura. Tenían por jefes a los jefes de los sacerdotes, a la nobleza sacerdotal. Además eran muy fieles a la observancia religiosa externa.
No podían ser sacerdotes, ni siquiera comprando el sacerdocio.

Fariseos

El nombre significa "los santos", "los separados", la verdadera comunidad; eran gente religiosa y piadosa.
Los fariseos se preocupaban mucho por cumplir todas las leyes y tradiciones religiosas, también en que otros las cumplieran. Para ellos lo más importante en su relación con Dios era la Ley religiosa, más importante que el Templo. Ellos eran el "pueblo de la Ley"; generalmente eran artesanos, pequeños comerciantes, campesinos.
Eran legalistas, pues ellos mismos habían añadido muchas leyes y tradiciones a la Ley. Formularon 613 leyes complementarias (248 mandatos y 365 prohibiciones), difíciles de aprender y sobre todo difíciles de cumplir. A estas leyes las llamaban "tradición oral". Para ellos esta tradición tenía tanto o más valor que la Ley escrita.

Los fariseos esperaban una intervención divina, la venida del Mesías que libraría al pueblo del yugo de los romanos. Se preparaban para ese día con la oración, con el ayuno y, sobre todo, con la observancia fiel de todas las leyes, particularmente la del sábado.
Eran ritualistas, se preocupaban mucho de las acciones obligatorias para acercarse con pureza a Dios, a la oración, al templo, a los actos de culto. Les importaba más la pureza ritual que la pureza de corazón y de vida. Se guiaban para esto por el Levítico, que explica las reglas de pureza.

Escribas
Estos eran los "especialistas de la Ley", los que estudiaban, conocían, explicaban e interpretaban la Ley. Eran al mismo tiempo, teólogos, profesores, jueces, enseñaban lo que había que hacer para cumplir con la Ley, resolvían las dudas que sobre la observancia se presentan. Ejercían también la justicia, según la Ley.
Los jefes y miembros influyentes de las comunidades de fariseos eran "escribas", es decir doctores que sabían todo de la religión judía y de sus leyes. Los escribas o "doctores de la Ley", eran la aristocracia intelectual judía; el escriba o "rabí" llegaba al poder no desde el dinero como los ancianos o senadores, ni por la sangre o casta como los sacerdotes, sino por su saber, y eran conscientes de eso. Los fariseos-escribas llegaron al Sanedrín y cada vez tuvieron más poder después de la muerte de Herodes el Grande, en el año 4 a.C.

Su saber los colocaba en los puestos más importantes de la enseñanza, de la administración y de la justicia. En su poder estaban los puestos claves del poder judicial, del poder administrativo, y de la enseñanza. En general, eran escribas los jueces de todas las ciudades importantes del país.
En las sinagogas, además de ser los jefes, explicaban e interpretaban con autoridad la Escritura.

Publicanos
Estos eran agentes de aduana o recaudadores de impuestos. No eran funcionarios del Estado, sino comerciantes que adquirían del Estado, en arriendo, el derecho a la recaudación de impuestos. Para ello pagaban determinada suma de dinero al erario público, quedándose con todo lo que podían sacar por encima de esa suma.
La mayor parte de los que hacían este trabajo eran pobres o esclavos empleados por una agencia de recaudación de algún gran arrendatario, a quienes despedían al menor problema.

Palestina sufría un sistema de impuestos verdaderamente opresivo, había que pagar derechos de aduana y de peaje a la entrada de los pueblos, en los puentes, los vados, los cruces de caminos. El hostigamiento de los publicanos era molesto y también muy costoso, pues los recaudadores tenían que exigir una cantidad superior a la tarifa oficial si querían ganarse la vida. Es de notar también que el pueblo no conocía con certeza la ley romana de impuestos, y tampoco se atrevía a reclamar, ya que los recaudadores estaban apoyados.
A los ojos de todo sacerdote y fariseo, el publicano era un pecador, pues su profesión era considerada "contaminante" o "impura" por los escribas o doctores de la ley. Para los judíos el único impuesto legítimo es el que se pagaba al Templo, por tanto estos publicanos que cobraban para los romanos eran también despreciados por la comunidad.
Por lo general los publicanos eran gente pobre, pertenecían a una clase social tan desfavorecida que tenían que aceptar este trabajo "deshonroso" para sobrevivir.



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