En los primeros años de la historia cristiana se trataba como 'padre' a todos los obispos, pero, poco a poco, fue reservándose el título de patriarca para los metropolitanos de algunas diócesis, todas ellas fundadas por uno de los apóstoles, que tenían una relevancia especial en el gobierno de la Iglesia universal. Esta denominación específica aparece en los escritos de los Padres de la Iglesia, y ya está plenamente aceptada y establecida en el Concilio de Nicea I (325), donde el tratamiento y dignidad patriarcales se reserva sólo para cuatro obispos metropolitanos. Por orden de importancia, los patriarcados originales eran:
El Patriarca de Occidente, Papa y obispo de Roma. Este obispado fue fundado por San Pedro.
El Patriarca de Constantinopla. Este obispado fue fundado por San Andrés.
El Patriarca de Alejandría. Este obispado fue fundado por San Marcos.
El Patriarca de Antioquía. Este obispado fue fundado por San Pedro y San Pablo.
En el Concilio de Constantinopla I (381) se enumeran estos cuatro patriarcados como cúspide de la organización eclesiástica y se declara que, después del Papa de Roma, el de Constantinopla «tendría primacía de honor, después del obispo de Roma, puesto que Constantinopla es la Nueva Roma», quedando este Patriarca en un rango superior sobre los antiguos Patriarcados de Alejandría y Antioquía.
En ese concilio se establece definitivamente la estructura jerárquica de la Iglesia, donde el Patriarca de Occidente ocupa la cúspide de la pirámide episcopal, con derecho de intervención, auxilio, consejo y arbitraje sobre los otros patriarcados, y se hace destacar al Patriarca de Constantinopla sobre sus tres compañeros orientales, aunque sujeto al arbitraje papal.
En el concilio de Calcedonia (451) se eleva la sede hierosolimitana a Patriarcado, el Patriarcado de Jerusalén. Este obispado había sido fundado por Santiago el Menor y tenía una importancia simbólica dentro de la Iglesia. También en este Concilio se fijó la estructura piramidal de la cúpula jerárquica de la Iglesia de Oriente y se reconoció una gran expansión de las fronteras del Patriarcado de Constantinopla y un consecuente aumento de su autoridad sobre los obispos de las diócesis situadas “entre los bárbaros”, además de otorgarle poderes jurisdiccionales sobre sus colegas orientales.
A estos cinco patriarcas (Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén) se los ha conocido posteriormente como La Pentarquía.
Estas cinco Iglesias, de orígenes apostólicos, tomaron parte en los siete primeros concilios ecuménicos. A pesar de los conflictos y rivalidades entre ellas, consiguieron guardar relaciones a nivel de igualdad de primacía aunque reconociendo a la Iglesia de Roma un puesto de honor.
El Gran Cisma de Oriente y Occidente en 1054 marcó la ruptura de la unión y el final de la Pentarquía original.
Sin embargo antes de la gran separación entre la Iglesia Católica Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana, se habían producido distintas escisiones.
Enmarcado dentro de las disputas cristológicas que sacudieron al cristianismo en los siglos III, IV y V, el nestorianismo fue propuesto por el monje Nestorio, oriundo de Alejandría, una vez entronizado como obispo de Constantinopla. Nestorio sostenía una doctrina difisista, que considera a Cristo radicalmente separado en dos personas, una humana y una divina, completas ambas de modo tal que conforman dos entes independientes, dos personas unidas en Cristo, que es Dios y hombre al mismo tiempo, pero formado de dos personas (prosopōn) distintas. Esto le llevó a enfrentarse con Cirilo de Alejandría, obispo de dicha ciudad, que defendía la tesis de la unicidad entre la persona humana y la divina de Cristo.
Tanto los nestorianos como los partidarios de Cirilo fueron llamados al concilio de Éfeso, en el año 431. La disputa se centró fundamentalmente en torno al título con el cual debía tratarse a María, si sólo Christotokos (madre de Cristo, es decir, de Jesús humano y mortal) como defendían los nestorianos, o además el de theotokos (madre de Dios, o sea, también del Logos divino), como defendían los partidarios de Cirilo. Finalmente se adoptó como verdad de doctrina la propuesta por Cirilo, y se le concedió a María el título de Madre de Dios, y los nestorianos, o difisitas, fueron condenados como herejes.
El nestorianismo fue desterrado del Imperio romano, y la diáspora nestoriana encontró refugio en el Imperio sasánida. Dado que el nestorianismo estaba prohibido en el Imperio Bizantino, y dada la antigua enemistad entre ambos imperios, el rey Balash apoyó la causa, considerada como una causa nacional. Balash ordenó incluso la expulsión de todos los cristianos que no fueran nestorianos.
La paz e independencia no duraron mucho ya que en 633 comenzaron las invasiones musulmanas que aniquilaron el imperio persa. En Mesopotamia y en Caldea los cristianos fueron bien tratados por los musulmanes quienes los tomaron como educadores y les dejaron en libertad. Cuando la administración árabe se trasladó de Damasco a Bagdad, el catholicós también trasladó su sede lo que le permitió ocupar cargos administrativos con los nuevos ocupantes. Fue la situación creada y la facilidad para optar a cargos administrativos lo que fue mermando a la iglesia nestoriana de Persia que para mediados del siglo VII había casi desaparecido de la costa del Golfo Pérsico.
Los catholicós comenzaron entonces misiones para evitar que los cristianos se pasaran al Islam (no se podía pensar, dadas las circunstancias, en convertir a los musulmanes). Impulsores de estas misiones fueron el catholicós Ishoyabb y Jorge I (658-680). De esta iglesia nestoriana se harán las primeras misiones a China (siglo VII), Asia central (Tibet, India, Mongolia, Samarcanda, Manchuria).
La Iglesia Siria Oriental y la Iglesia Católica Apostólica Asiria del Oriente, difisitas, es decir "nestorianas", prosperaron acatando ciertas reglamentaciones de los "shahs" persas, entre otras aquella según la cual sus sacerdotes debían estar casados.
Los cristianos "nestorianos" fueron una genuina correa de transmisión del conocimiento científico y filosófico grecorromano (particularmente del aristotelismo) a la entonces incipiente cultura islámica (luego desde el islam este acervo de conocimiento volvió a Europa); en el periodo inicial de los grandes califas omeyas se destacaban familias de médicos (seguidores de las doctrinas científicas de Galeno) cristianos "nestorianos" curando a los califas y magnates.
Las escuelas cristianas "nestorianas" prosperaron en centros como el de Gundishapur (Persia) y Muharraq (en el actual Baréin).
Entre los turcos orientales (como los uighures) y algunas tribus de mongoles pre-gengiskánidas como los khitan o kitans, al parecer es de esa época que surge en Europa la leyenda parcialmente cierta de El Preste Juan, siendo "Juan" una alteración de la palabra khan.
De este modo la cristiandad (de cuño nestoriano) llegó por primera vez a China hacia el año 635 cuando el misionero llamado en chino Alopen o Al Oben estableció una iglesia en la capital occidental durante el reinado de Taizong de la dinastía Tang, es decir, en la ciudad de Chang'an (actual Xi'an), de esa época data la célebre Estela de Siganfú. Sin embargo posteriormente el emperador Wuzong (840 a 846) suprimió las "religiones foráneas" como el budismo y el cristianismo.
A fines de siglo XIX e inicios de siglo XX las comunidades cristianas difisitas o "nestorianas" que mantenían más fuerte su doxología eran las ubicadas en el norte de Iraq (principalmente en torno a Mosul) y el kurdistán y, principalmente el valle del Gran Zab (zonas curdas actualmente dentro del control turco), en el valle del Gran Zab se ubicaba el núcleo religioso de los Asirios (Suryoyo): la ciudad monástica de Kodshanes; también otro núcleo de "asirios" cristiano nestorianos se ubicaba en Urmiah (Azerbaiyán Persa). Durante la Primera Guerra Mundial y en tiempos de la Revolución rusa las fuerzas turcas llevaron a cabo una política de exterminio y "limpieza étnica" (la cual sufrieron asimismo los cristianos armenios y griegos) que padecieron los "nestorianos", el patriarca o Shimun debió refugiarse en Francia y luego Estados Unidos mientras gran parte de la población cristiana "nestoriana" era exterminada.
Todavía en algunas apartadas regiones del Próximo Oriente es posible encontrar nestorianos. Actualmente subsisten las iglesias nestorianas en la India, en Irak, Irán, China y en Estados Unidos y otros lugares donde han migrado comunidades cristianas de los países citados.
En la actualidad hay dos patriarcas (desde 1976), uno de la Iglesia Asiria de Oriente reside en Morton Grove, Illinois, en Estados Unidos; y el otro de la Antigua Iglesia del Oriente, reside en Bagdad, Irak. La mayoría de los nestorianos, cuyo número asciende a unas 176.700 personas, vive en Iraq, Siria e Irán, donde se les conoce por regla general como asirios, soliendo autodenominarse nasranim (nazarenos), este nombre es mantenido también en la India por la Iglesia Siria Malabar Nasrani.
Tanto las iglesias nestorianas como el conjunto de iglesias formadas a partir de la condena de las doctrinas monofisitas por parte del Concilio de Calcedonia en 451, son llamadas en conjunto Antiguas Iglesias Orientales, y se las diferencia de las Iglesias Ortodoxas de tradición bizantina. El monofisismo es una doctrina teológica que sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana
Estas iglesias en comunión recíproca, son independientes en la liturgia y en la organización, pero en conjunto constituyen la “Comunión ortodoxa oriental”. Como en el caso de los ortodoxos y católicos orientales, los sacerdotes pueden casarse, aunque los obispos son célibes. Todos tienen muchos monjes.
Las iglesias monofisitas son: la Iglesia Armenia Apostólica, la Iglesia Copta Ortodoxa, la Iglesia Etíope Ortodoxa y la Iglesia Siria Ortodoxa.
La Iglesia Armenia Apostólica: Con presencia en Armenia y la diáspora. Armenia fue el primer país cristiano del mundo (año 295, con el rey Mitríades I). Está organizada en cuatro patriarcados, con sedes en Etchmiadzin, Jerusalén, Constantinopla y Cilicia. Debe su origen a los apóstoles Bartolomé y Tadeo, quienes evangelizan la Armenia y más tarde Gregorio el Iluminador organiza esta Iglesia. El monofisismo llegó a Armenia en el año 506 y se acepta como reacción contra Bizancio. Ha vivido esta Iglesia en medio de invasiones y guerras, sufriendo una fuerte emigración.
La Iglesia Copta Ortodoxa: El cristianismo llegó a Egipto desde sus inicios, y debe a San Marcos la evangelización de estas tierras regadas por el Nilo. Los coptos o cristianos de Egipto, tras la celebración del Concilio de Calcedonia, siguieron el monofisismo. La iglesia Copta tiene su propio Papa, Shenouda III, que vive en El Cairo y es el patriarca 117 de la predicación de san Marcos. Aunque no existe un dogma que le atribuya la infalibilidad del Papa de la Iglesia Católica al Papa Copto, sí existe una tradición que proviene del siglo V que dice que Dios habla por la boca del Patriarca de Alejandría.
El segundo lugar mas importante de culto y peregrinación es la iglesia de Santa María de Sión, en Aksum, donde se custodia el Arca de la Alianza, que habría sido llevada a Etiopía por Menelik I, hijo de Salomón y de la reina de Saba. La Iglesia etíope debido a la antigua tradición sobre el manejo y cuidado del arca, siempre se ha resistido a las presiones de los arqueólogos modernos para estudiar el Arca de la Alianza; y solo se puede suponer su posible real ubicación en esta iglesia, a través de pruebas arqueológicas indirectas.
La Iglesia Etíope Ortodoxa: Esta Iglesia es hija de la anterior, con la que estuvo unida hasta 1959. Ha tenido que convivir con el régimen marxista de Etiopía y, con frecuencia, en medio de guerras y calamidades humanas. Sin embargo, sigue siendo de una de las iglesias no calcedonianas con mayor número de fieles.
La Iglesia Sirio Ortodoxa: Presente en Siria, Líbano, Turquía, Israel, India y la diáspora La separación originada en el Concilio de Calcedonia afectó, en primer lugar, a la comunidad cristiana de Antioquía. Quienes aceptaron el monofisismo fueron inicialmente perseguidos por los emperadores bizantinos y, ya casi al borde de su desaparición, organiza esta Iglesia Jacobo Baradeo, apoyado por la emperatriz Teodora y consagrado obispo, lo que valió el calificativo a esta Iglesia de «jacobita».
Un caso singular es la Iglesia Siria Ortodoxa del Oriente o Malankar, filial de la anterior aunque independiente desde 1912, que tiene dos documentos sobre el matrimonio y la comunión eucarística (1990) como resultado de su diálogo con Roma. Presente en el Estado de Kerala (India), fundada por santo Tomás (siglo I). Tiene unos 2.000.000 de fieles
La unidad de los cinco grandes patriarcados (Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén) se mantuvo durante el primer milenio de la Iglesia. Estas cinco Iglesias, de orígenes apostólicos, tomaron parte en los siete primeros concilios ecuménicos. A pesar de los conflictos y rivalidades entre ellas, consiguieron guardar relaciones a nivel de igualdad de primacía aunque reconociendo a la Iglesia de Roma un puesto de honor.
Sin embargo, como resultado de un largo período de relaciones difíciles entre las dos partes más importantes de la Iglesia universal, se produjo el Gran Cisma de Oriente y Occidente. Las causas primarias del cisma fueron sin duda las tensiones producidas por las pretensiones de suprema autoridad (el título de "ecuménico") del Papa de Roma y las exigencias de autoridad del Patriarca de Constantinopla. Efectivamente, el Obispo de Roma reclamaba autoridad sobre toda la cristiandad, incluyendo a los cuatro Patriarcas más importantes de Oriente; los Patriarcas, por su lado, alegaban, según su entendimiento e interpretación de la Sagrada Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, que el Obispo de Roma solo podía pretender ser un "primero entre sus iguales" o "Primus inter pares". Por su parte, los Papas, según su interpretación de la Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, declaraban que "es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con la Iglesia (de Roma), por considerarla depositaria primigenia de la Tradición apostólica" (San Irineo de Lyon, s. II d. C.). También tuvieron influencia en el Gran Cisma las variaciones de las prácticas litúrgicas (calendarios y santorales distintos) y disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales.
El Gran Cisma de Oriente y Occidente en 1054 marcó la ruptura de la unión y el final de la Pentarquía original.
Una diferencia fundamental entre ambas radica en la cláusula filioque, o controversia filioque, que hace referencia a la disputa entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa por la inclusión en el Credo del término latino filioque que significa: “y del Hijo”.
La Iglesia de Oriente difiere de la Occidental en lo que expone el Credo Niceno acerca del Espíritu Santo. En la forma Oriental se dice: el Espíritu Santo Pprocede del Padre”. En la forma Occidental se añaden las palabras: «y del Hijo» (escrito en latín: filioque). La Iglesia Occidental confiesa una doble procesión del Espíritu Santo: “del Padre y del Hijo”. La Iglesia Oriental considera que esto es una herejía.
La primera versión de Credo se fijó en el Primer Concilio Ecuménico celebrado en Nicea en 325, por lo que es conocido como Credo niceno. En él no se hacía referencia alguna al origen del Espíritu Santo ya que lo que en ese momento se intentaba era sentar, frente al arrianismo, la doctrina de la Iglesia en lo referente a la figura de Jesucristo, por lo que se incluyeron frases como “engendrado, no creado” y “consubstancial al Padre”. El Credo niceno ampliado por el Segundo Concilio Ecuménico, celebrado en Constantinopla en 381, fue en el que se estableció, siguiendo lo dispuesto en el Evangelio de Juan (15,26b), que el Espíritu Santo “procede del Padre”. Este nuevo texto es conocido como Credo niceno-constantinopolitano que, sin embargo no tuvo carácter normativo hasta el Cuarto Concilio Ecuménico celebrado en Calcedonia en 451.
En el año 397, durante el primer Concilio de Toledo, se produjo la añadidura del término Filioque, por lo que el Credo pasaba a declarar que el Espíritu Santo “procede del Padre y del Hijo”.
El Credo, con la cláusula Filioque, se extiende en el siglo VIII por el reino franco, lo que obligó a Carlomagno a convocar en 809 un concilio que se celebró en Aquisgrán, donde el papa León III prohibió el uso de la cláusula Filioque ordenando que el Credo, sin la misma, fuera grabado sobre dos tablas de plata y expuesto en la Basílica de San Pedro.
A pesar de dicha prohibición, la cláusula Filioque siguió siendo utilizada en el reino franco con el beneplácito implícito de Roma. Esta actitud será una de las causas del cisma fociano, germen del posterior, y hasta hoy definitivo, Cisma de Oriente datado en el año 1054.
En 1014 con motivo de su coronación como emperador de Sacro Imperio, Enrique II solicitó al papa Benedicto VIII la recitación del Credo con la inclusión del Filioque. El papa accedió a su petición, con lo que por primera vez en la historia el filioque se usó en Roma.
Existen otras diferencias doctrinarias entre la Iglesia Ortodoxa y la Católica: La Iglesia Ortodoxa considera que la consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la misa se efectúa por el Prefacio, las Palabras del Señor y la Epíclesis y no tan solo por las Palabras del Señor (las palabras dichas por Cristo en la Última Cena); la Iglesia Católica Romana, por su parte, enfatiza en las palabra pronunciadas por el sacerdote en persona de Cristo Cabeza, confesando que la transubstanciación ocurre por la virtud de las palabras de Jesús y la acción del Espíritu en la Epíclesis.
La Iglesia ortodoxa sostiene que la Virgen María fue concebida en pecado original como las demás criaturas, pero concibió inmaculada, parió inmaculada y murió inmaculada, mientras que la Iglesia católica, por definición del Papa Pío IX, en el año 1854, proclamó dogma de fe la Inmaculada Concepción, o sea, que Ella desde el primer instante de su ser personal, estuvo libre de todo pecado.
A diferencia de la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa no acepta la figura de la Virgen María como corredentora, a pesar de su veneración particular.
La Iglesia Ortodoxa niega la existencia del purgatorio por considerar insuficientes para aprobarlo las indicaciones bíblicas puestas como una base de la aserción por los católicos romanos. Sin embargo, se reza por las almas de los difuntos al igual que en la Iglesia Católica.
La Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa es la tercera de las tres grandes iglesias o comunidades cristianas, después de la Iglesia católica apostólica romana y el conjunto de iglesias protestantes, y cuenta con más de 225 millones de fieles en todo el mundo. Se considera la heredera de todas las comunidades cristianas de la mitad oriental del Mediterráneo (esto lleva a ciertas tensiones con iglesias orientales unidas a Roma). Su doctrina teológica se estableció en una serie de concilios, de los cuales los más importantes son los primeros Siete Concilios, llamados "ecuménicos", que tuvieron lugar entre los siglos IV y VIII. Luego de la separación en el llamado "Cisma de Oriente y Occidente", el 16 de julio de 1054, el cristianismo ortodoxo se difundió por Europa oriental gracias al prestigio del Imperio Bizantino y a la labor de numerosos grupos misioneros.
La Iglesia Ortodoxa está en realidad constituida por 15 iglesias autocéfalas, que sólo reconocen el poder de su propia autoridad jerárquica. Al igual que la Iglesia católica romana, la Iglesia ortodoxa posee la autoridad de canonizar o beatificar. Cuando alguna de las iglesias ortodoxas autocéfalas engruesa su santoral, ella obligatoriamente avisa sobre eso a todas las demás iglesias hermanadas.
Las cabezas de las iglesias autocéfalas, Patriarcas, se tratan como iguales, pero respetando el honor del Patriarca de Constantinopla de ser el "primus inter pares", el título que significa supremacía meramente simbólica. El Patriarca de Constantinopla, siendo líder simbólico honorífico del mundo cristiano ortodoxo, preside los concilios ecuménicos ortodoxos.
Aunque actúan de forma independiente, las iglesias autocéfalas se encuentran en comunión entre sí y forman la Iglesia "Una, Santa, Católica y Apostólica".
Las iglesias ortodoxas autocéfalas más antiguas son:
Iglesia ortodoxa de Constantinopla, dirigida por el Patriarca Ecuménico, 3,5 millones de fieles.
Iglesia ortodoxa de Alejandría, segundo patriarcado en cuanto a rango de honor, 500.000 de fieles.
Iglesia ortodoxa de Antioquía, tercer patriarcado en cuanto a rango, 1.200.000 de fieles.
Iglesia ortodoxa de Jerusalén, cuarto patriarcado en cuanto a rango, 200.000 de fieles.
Las cuatro corresponden con cuatro de los cinco patriarcados primitivos (el primer patriarcado era el de Roma que se separó de los otros 4 en 1054).
Actualmente las siguientes iglesias también tienen el rango de patriarcados:
Iglesia ortodoxa rusa, regida por el Patriarca de Moscú, 140 millones de fieles.
Iglesia ortodoxa y apostólica georgiana, presidida por el Patriarca de Tiblisi, entre 4,5 y 5 millones.
Iglesia ortodoxa serbia, gobernada por el Patriarca de Belgrado, 11 millones de fieles.
Iglesia ortodoxa rumana, dirigida por el Patriarca de Bucarest, 20 millones.
Iglesia ortodoxa búlgara, regida por el Patriarca de Sofía, 8 millones de fieles.
Las siguientes iglesias están dirigidas por un arzobispo o por un metropolita.
Iglesia ortodoxa chipriota, entre 550.000 y 650.000 de fieles.
Iglesia ortodoxa griega, 10 millones de fieles.
Iglesia ortodoxa polaca, 600.000 de fieles.
Iglesia ortodoxa albanesa, 400.000 de fieles.
Iglesia ortodoxa checa y eslovaca, 75.000 de fieles.
Iglesia ortodoxa en América, 1 millón de fieles. La autocefalia de la Iglesia ortodoxa en América es disputada. Le fue concedido dicho estatus por el Patriarca de Moscú, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, pero no es reconocido por el Patriarca de Constantinopla.
Aunque en su nombre llevan un marcado carácter nacional, las iglesias ortodoxas no tienen índole nacionalista. Es decir, independientemente de su origen étnico o autoidentificación con una de esas iglesias los fieles pueden participar la vida parroquial de cualquiera de ellas gracias al estatus canónico común de las iglesias hermanadas, lo que se practica ampliamente por los emigrantes.
Existen otras iglesias con cierta autonomía en asuntos internos pero que forman parte de alguna de las iglesias antes citadas.
La división entre las Iglesias de oriente y occidente dio lugar a la existencia de comunidades de ritos orientales que se mantuvieron o entraron en plena comunión con la Iglesia de Roma, conservando su liturgia, aunque en algunos casos se han latinizado en algún grado. Son las llamadas Iglesias Católicas Orientales. Algunas nunca han estado en cisma con la Iglesia de Roma (como la Iglesia maronita y la ítalo-albanesa) y otras han surgido de divisiones de las Iglesias ortodoxas o de las antiguas Iglesias nacionales de oriente.
Regularmente constituyen minorías en países donde su contraparte ortodoxa predomina (como en Grecia, Serbia, Bulgaria, Rusia y Armenia), otras son minorías junto con sus contrapartes ortodoxas en países donde predomina otra religión (melquitas en Siria, caldeos en Irak, etc.) y otras no tienen contraparte en cisma con Roma (maronitas e ítalo-albaneses), también debido a la migración muchos católicos orientales viven hoy en países occidentales (Australia, Canadá, Estados Unidos, Argentina, Francia, etc.).
Son consideradas Iglesias sui iuris y están en un plano de igualdad con el rito latino, como afirmó el Concilio Vaticano II a través del documento Orientalium Ecclesiarum. Los fieles de estas iglesias están fuera de las jurisdicciones de los obispos latinos, excepto en los casos donde no tengan una jurisdicción propia. De la misma manera los católicos latinos están fuera de las jurisdicciones de los obispos orientales, excepto en Eritrea, país donde no existe jerarquía latina, en las eparquías del norte de Etiopía, en las diócesis siro-malabares fuera del estado de Kerala en la India y en algunas parroquias de las eparquías ítalo albanesas bizantinas de Italia.
La organización eclesial de las Iglesias orientales católicas está gobernada por el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, que fue promulgado por el papa Juan Pablo II el 18 de octubre de 1990, y entró en vigor el 1 de octubre de 1991.
La Santa Sede ha erigido también cinco ordinariatos para los fieles de rito oriental desprovistos de un ordinario de su propio rito, estos ordinariatos se encargan de la atención espiritual de católicos orientales de ritos sin jerarquía organizada en Argentina, Francia, Austria, Polonia y Brasil, dependiendo de los arzobispos latinos de Buenos Aires, París, Viena, Varsovia y Río de Janeiro respectivamente.
En el pasado las llamadas Iglesias Católicas Orientales fueron también llamadas uniatas, pero el término es hoy considerado despectivo e inexacto ya que refiere a las uniones parciales con la Iglesia de Roma pero no puede aplicarse a las Iglesias que siempre han estado en comunión con el papa. En la actualidad, el término uniatas subsiste entre los ortodoxos y es rechazado por los propios católicos orientales.
Luego del Gran Cisma la porción occidental de la cristiandad se mantuvo obediente al Patriarca de Roma, bajo la denominación de Iglesia Católica Apostólica Romana.
Pero durante el siglo XVI, varios religiosos, pensadores y políticos intentaron provocar un cambio profundo y generalizado en los usos y costumbres de la Iglesia Católica en la Europa Occidental, especialmente con respecto a las pretensiones papales de dominio sobre toda la cristiandad.
Había una gran crisis en la Iglesia Católica debido a los numerosos problemas de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa. A esto se sumó la venta de indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma.
La crisis provocó finalmente que la cristiandad occidental se dividiese en dos, una liderada por la Iglesia Católica Romana, que tras el Concilio de Trento (1545 a 1563) se reivindicó a sí misma como la única heredera válida de la cristiandad occidental expulsando cualquier disidencia y sujetándose por completo al dominio del Papa, y otra mitad que fundó varias comunidades eclesiales propias, generalmente de carácter nacional para, en su mayoría, rechazar la herencia cristiana medieval y buscar la restauración de un cristianismo primitivo idealizado. Esto dio lugar a que Europa quedara dividida entre una serie de países que reconocían al Papa, como supremo y único jefe de la Iglesia Católica, y los países que rechazaban las pretensiones de Roma y que recibieron el nombre de protestantes. Dicha división provocó una serie de guerras religiosas en Europa.
El fundador de la Reforma protestante fue el monje católico alemán Martín Lutero, quien ingresa en 1507 en la orden religiosa de los agustinos. Al principio, la Iglesia Católica no dio demasiada importancia a las ideas de Lutero, ni a sus ataques contra la doctrina de salvación por las obras, pero muy pronto tuvo que reaccionar ante las noticias que llegaban de Alemania, de que gran parte de la gente estaba desafiando el dominio de la Roma papal.
Si bien con anterioridad a Martín Lutero hubo otros precursores del movimiento protestante, que mostraron su desacuerdo en diversas doctrinas de la Iglesia católica, como John Wycliffe en Inglaterra en el siglo XIV o Jan Hus en Bohemia a comienzos del siglo XV, la creación de la imprenta favoreció la rápida expansión de las ideas de Martín Lutero y otros reformadores.
En el siglo XVI, los seguidores de Martín Lutero establecieron las Iglesias protestantes. Iglesias reformadas fueron establecidas en Suiza por Juan Calvino y otros reformadores más radicales como Ulrico Zuinglio, Thomas Cranmer reformó la Iglesia de Inglaterra y más tarde John Knox estableció una comunión Calvinista más radical en la Iglesia de Escocia.
Las iglesias surgidas de la Reforma, se han dividido y subdividido varias veces. Pese a no existir unas doctrinas protestantes uniformes, las doctrinas de Sola scriptura y Sola fide son creencias comunes. Sola scriptura sostiene que la Biblia, en lugar de las tradiciones o interpretaciones eclesiásticas es la fuente final de autoridad para todos los cristianos. Sola fide mantiene que la salvación proviene sólo por la fe en Jesucristo, en lugar de a través de las buenas obras. Las Iglesias Protestantes generalmente rechazan las doctrinas católicas y ortodoxas de la sucesión apostólica y el ministerio sacramental del clero.
Un caso especial lo constituye la separación de la Iglesia de Inglaterra. En 1536, cuando Enrique VIII de Inglaterra solicitara al Papa Clemente VII que declarara nulo su matrimonio con Catalina de Aragón, al ser rechazado el pedido por el Papa, el monarca decidió emancipar a la Iglesia Anglicana de la Iglesia Católica Romana y se autoproclamó Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra. Enrique mantuvo una fuerte preferencia por la liturgia católico-romana tradicional durante su reinado, los reformadores protestantes no pudieron realizar prácticamente ningún avance en las doctrinas y prácticas de la Iglesia de Inglaterra bajo su mandato. Pero bajo el gobierno de su hijo, Eduardo VI (1547 - 1553), la iglesia si llego a ser teológicamente protestante aunque fuese solo hasta retornar a la Iglesia Católica Romana durante el reinado de la reina María I en 1555. El establecimiento bajo el gobierno de Isabel I a partir de 1558 de una Iglesia de Inglaterra claramente protestante, pero moderada, pues reconocía su herencia católica y apostólica, permitió consolidarla legalmente conforme al estado y parte de él y permitirle acomodar dentro de su comunión a una amplia gama de posiciones teológicas, lo cual ha sido, desde entonces, una de sus características esenciales.
Así, no existe una Iglesia Anglicana como tal, con alguna especie de autoridad jurídica universal, puesto que cada iglesia nacional o regional tiene completa autonomía. Como su nombre sugiere, la Comunión Anglicana es una asociación de estas iglesias en completa comunión con la Iglesia de Inglaterra (que se puede considerar como la “iglesia madre” de esta fraternidad mundial), y específicamente con su Arzobispo primado, el Arzobispo de Canterbury. Con más de setenta millones de miembros, la Comunión Anglicana es la tercera comunión más grande del mundo, tras la Iglesia Católica Romana y las Iglesias ortodoxas en comunión con Constantinopla.
La Comunión Anglicana se considera parte plena de la Iglesia Cristiana: una, santa, católica y apostólica, y se declara Católica y Reformada. Para muchos anglicanos, representa también una forma de catolicismo no-papal, y para otros, una forma de protestantismo sin figuras fundadoras tales como Martín Lutero o Juan Calvino. La identidad anglicana se expresa como una prudente combinación entre estas dos tradiciones cristianas, una Vía Media entre ambas, mediante una aplicación equilibrada de tres criterios esenciales de fe y ética: La Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y la Razón. Así entonces, con algunas diferencias de énfasis doctrinal y litúrgico, las iglesias de la Comunión Anglicana mantienen su unidad a través, principalmente, de la comunión sacramental con el Arzobispo de Canterbury, y la celebración de la liturgia conforme a las diferentes versiones autorizadas del Libro de Oración Común.
Los fundamentos doctrinales del Anglicanismo son cuatro elementos de la fe cristiana:
La Biblia, o las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamentos, como base de la fe cristiana.
Los Credos Apostólico y Niceno, como resúmenes suficientes de la fe contenida en la Escritura.
Luego de la reforma religiosa iniciada por Martín Lucero, durante casi 20 años, la Iglesia Católica había visto cómo gran parte de los católicos se peleaban entre ellos en Europa y sus obispos, dejaban de reconocer al Papa como Primus inter pares o como máxima autoridad de la Iglesia Católica, y se separaban de Roma incluso algunos cardenales, en consecuencia, hubo muchos partidarios de Roma que requerían una reacción de su Iglesia Católica, que mejorase sus costumbres y corrigiera los errores que habían alimentado la Reforma Protestante. A esta reacción de la Iglesia Católica contra el protestantismo se le conoce generalmente con el nombre de Contrarreforma Católica. La solución fue convocar a un Concilio donde se pudiesen discutir las posibles reformas. No se convocó este concilio sino hasta 1545, reunión que será conocida como Concilio de Trento. Las sesiones del Concilio de Trento duraron casi 17 años, ya que fueron interrumpidas muchas veces, varios Papas se sucedieron en Roma, y finalizó en 1562.
El Concilio de Trento se desarrolló sin la participación de los católicos adherentes al emergente protestantismo (aunque fue Lutero quien primero propuso la necesidad de un concilio, en 1518), en muchos casos ellos mismos se negaron a participar.
A partir de la Contrarreforma se crea una nueva Iglesia Católica, intentando librarse de los errores anteriores: se cuidó la formación de los obispos, se establecieron medidas de disciplina para los sacerdotes y se crearon seminarios para que los nuevos sacerdotes tuvieran una preparación religiosa adecuada para poder enseñar una fe católica.
Se reafirmaron todos los puntos de la doctrina milenaria católica frente a las protestantes:
* Rechazo a la idea de la Biblia como fuente única de doctrina (son de igual importancia la Sagrada Tradición Apostólica y el Magisterio de la Iglesia Católica que junto con la Biblia hacen parte del único depósito de la fé).
* La salvación es por gracia de Dios mediante la fe y las obras juntas (Decreto de la Justificación).
* La Eucaristía se definió dogmáticamente como la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre que renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz.
* La veneración a las imágenes iconográficas y a las Reliquias, muchas de ellas vinculadas al culto cristiano de María (madre de Jesús) como Virgen y a los Santos fueron confirmadas como práctica cristiana, junto a la existencia del Purgatorio. Esto tendría una enorme importancia en el desarrollo del arte en las iglesias católicas europeas, el llamado arte barroco será las expresión artística de la Contrarreforma Católica, con gran abundancia de imágenes para atraer al hombre común a la fe católica.
* Se unificaron los ritos de la Iglesia Católica Occidental en uno solo, la Misa tridentina.
La Contrarreforma Católica alimentó un renacer en la Roma papal, impulso que se manifestó en el reavivamieto de antiguas órdenes religiosas, como la Orden de los carmelitas descalzos, reformada en España por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, los dos grandes escritores místicos de la Península Ibérica. Pero la orden religiosa que más ayuda prestó a la Contrarreforma Católica fue la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola, de la que se distinguieron varios teólogos participantes en el Concilio de Trento.
La Iglesia Católica Apostólica Romana es la iglesia cristiana más grande del mundo, con 1.181 millones de bautizados, el 17,40% de la población mundial. Su sede se encuentra en la Ciudad del Vaticano, y está encabezada por el Papa, que recibe el trato honorífico de Su Santidad.
De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica, ésta es Una, Santa, Católica y Apostólica. Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. Los católicos profesan su fe en los cuatro atributos (o notas) de la Iglesia a través del Credo de los Apóstoles y del Credo Niceno-Constantinopolitano. Las notas de la Iglesia son Dogma de Fe.
Para un católico el dogma es una verdad revelada por Dios y propuesta por la Iglesia, para la creencia de los fieles.
Los dogmas católicos se basan en la Biblia y en la Tradición Apostólica. Así como los hebreos tenían su tradición, los católicos tienen la tradición apostólica transmitida de generación en generación de forma escrita y oral.
Algunos dogmas esenciales son:
Trinidad de Dios (hay tres personas divinas, no tres dioses: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que forman el único Dios)
Eucaristía (pan y vino transformados en el Cuerpo y la Sangre de Cristo)
Inmaculada Concepción (la Virgen concebida sin pecado original)
Maternidad Divina (la Virgen es la madre de Dios)
Virginidad Perpetua (María siempre Virgen)
Asunción de la Virgen (María es asunta llena de gloria a los cielos y es coronada como "Reina y Madre de todo lo creado")
La Iglesia Católica es una organización jerárquica en la que el clero ordenado está dividido en obispos, presbíteros y diáconos. El clero está organizado de forma jerárquica, pero tiene en cuenta la comunión de los fieles. Cada miembro del clero depende de una autoridad superior, pero la autoridad superior debe ejercer su gobierno teniendo en cuenta la comunidad, a través de consultas, reuniones e intercambio de ideas.
Territorialmente, la Iglesia Católica se organiza en diócesis o Iglesias particulares, cada una bajo la autoridad de un obispo; algunas de éstas, de mayor rango, son llamadas arquidiócesis (o archidiócesis) y están bajo la autoridad de un arzobispo. En las iglesias orientales católicas, estos distritos suelen llamarse eparquías y archieparquías, respectivamente. La diócesis de Roma, que incluye a la Ciudad del Vaticano, es la Sede Papal. Asimismo, existen 9 Patriarcados (3 latinos y 6 de ritos orientales), 9 Exarcados Patriarcales y 5 territorios dependientes de Patriarcas.
Algunos territorios, sin llegar a considerarse diócesis, funcionan en la práctica como tales: son las prelaturas y abadías territoriales, regidas por un prelado o un abad, respectivamente. Actualmente, existen 46 prelaturas territoriales, más del 80% en América Latina (sobre todo en Brasil y Perú), y 11 abadías territoriales, principalmente en Italia, así como 1 prelatura personal (la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei), con sede en Italia, 36 ordinariatos militares, 8 ordinariatos para los fieles de ritos orientales que se encuentran en territorios sin eparca (obispo) de su propio rito y 1 ordinariato personal para los fieles convertidos del anglicanismo (católicos de rito anglicano), en el Reino Unido.
Las diócesis pueden agruparse en provincias eclesiásticas y éstas, a su vez, en regiones eclesiásticas. La arquidiócesis que preside una provincia eclesiástica es llamada metropolitana. En ocasiones, la provincia eclesiástica está conformada únicamente por la arquidiócesis metropolitana. De las 623 arquidiócesis existentes, 541 son metropolitanas, 4 son archieparquías mayores (una de ellas posee además 3 exarcados archiepiscopales, en Ucrania) y las restantes 78 son llamadas arquidiócesis archiepiscopales.
Los territorios en donde la organización de la Iglesia aún no es suficiente para erigir una diócesis (o una eparquía) son dirigidos por un vicario (o exarca) y son llamados vicariatos (o exarcados) apostólicos; actualmente existen 87 vicariatos apostólicos (sobre todo en América; pero también en África y Asia) y 17 exarcados apostólicos (sobre todo en Europa; pero también en América y Asia). Si la organización es muy incipiente, se erigen prefecturas apostólicas (actualmente existen 39, casi las tres cuartas partes en China). Por razones graves, se erigen administraciones apostólicas estables (actualmente existen 8); además, existe la Administración Apostólica Personal de San Juan María Vianney, en Brasil (diócesis de Campos), para los fieles que se adhieren al "rito romano extraordinario" o Misa tridentina. En los territorios en que la Iglesia aún no ha penetrado oficialmente, se organizan misiones independientes sui iuris (actualmente existen 9).
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