La Quinta Cruzada


Andrés II de Hungría

La Quinta Cruzada, entre 1217 y 1221 d.C., fue un intento de retomar Jerusalén y el resto de Tierra Santa derrotando en primer lugar al poderoso estado Ayubí de Egipto. Los ejércitos cruzados estaban compuestos por las enormes fuerzas militares del rey Andrés II de Hungría y por los batallones del príncipe austríaco Leopoldo IV de Austria.

A consecuencia de varias guerras entre el Reino de Hungría y el Imperio Bizantino, el trato final de paz establecido incluyó que el joven principe Béla, el hermano menor del rey Esteban III de Hungría se criase en al corte del emperador Manuel I Comneno. Educado en Bizancio, el jóven príncipe regresó a Hungría tras la muerte de su hermano mayor para ocupar el trono como Béla III de Hungría en el 1173.



El rey húngaro recibió a los ejércitos del emperador Federico I Barbarroja en 1188 que viajaban a la Tercera Cruzada, y posteriormente Bela III realizó una solemne promesa cerca de 1195 que él mismo viajaría a Tierra Santa a luchar contra los infieles. Sin embargo, el rey falleció sin cumplir su promesa, ante lo cual su hijo menor Andrés, decidió tomar la cruz en nombre de su padre. Pero desde luego las intenciones de Andrés II de Hungría estaban claras, pues había tomado como esposa en 1215 a Yolanda de Courtenay, hija del emperador Pedro II de Courtenay del Imperio Latino, el Estado Cruzado establecido en Constantinopla después de la desastrosa Cuarta Cruzada. Andrés tenía la esperanza de hacer valer sus derechos a través de su esposa sobre el trono del Imperio Latino por lo que en 1218 comenzó a prepararse para la cruzada.


Papa Honorio III

El 11 de febrero de 1217 el Papa Honorio III sancionó la protección legal para los cruzados y bendijo la empresa que planificaba Andrés, que coincidía muy oportunamente con el vencimiento del pacto de paz de cinco años que había firmado el rey Juan de Brienne de Jerusalén con el sultán al-Ádil.

El rey Andrés II escogió la ruta por mar para llegar a la Tierra Santa, aunque por sus planes relacionados con Bizancio consideró por un tiempo una ruta por vía terrestre.
Andrés II había pedido créditos a grandes Casas comerciales de Italia para financiar su empresa cruzada, e igualmente también sacrificó la propia ciudad de Zara que había sido ocupada por los ejércitos venecianos de la Cuarta Cruzada, cediéndola a los italianos para transportar a sus soldados en sus barcos. Se estima que la cantidad de soldados rondaba los 30 mil, lo que rebasaría a todos las fuerzas cruzadas antes enviadas a Tierra Santa.

Leopoldo VI de Austria

El rey húngaro había coordinado la empresa con el duque Leopoldo VI de Austria, y esperaba ensamblar una fuerza combinada con los dos ejércitos como jamás se había visto. Las fuerzas húngaras y austríacas se agruparon en Split, desde donde primero partieron los germánicos y tras 16 días de viaje arribaron a la ciudad del Acre. Los húngaros partieron después y arribaron cerca de octubre. Ya en el Acre fueron recibidos por Raúl de Merencourt, el patriarca latino de Jerusalén.

El primer consejo de guerra se reunió en la tienda real de Andrés II y contó con la presencia de Leopoldo VI, Hugo I de Chipre, príncipe Bohemundo IV de Antioquía, los tres maestres de la Orden Teutónica y el rey Juan de de Brienne, rey consorte de Jerusalén, casado con la reina María de Montferrato, hija de Conrado e Isabel.



Las Cruzadas contra Egipto
 Los ejércitos cruzados se dirigieron al Sur hacia la cadena montañosa junto al Acre y fijaron un campamento en las afueras de Riccardana, pues las primeras expediciones partieron en busca de provisiones para mantener el enorme ejército.
El 3 de noviembre el patriarca latino Raúl y el obispo Jacobo Vitry de Acre se presentaron en persona frente al rey húngaro y el duque austríaco trayendo con ellos un pedazo de la Vera Cruz la cual se había perdido después de la Batalla de los Cuernos de Hattin en 1187. Ambos monarcas caminaron descalzos hasta la santa reliquia y se arrodillaron ante ella besándola en señal de adoración.

Al-Muazzam, hijo del sultán al-Ádil vigilaba a los cruzados desde cerca, sin embargo su padre no le permitió atacarlos, quizás porque sobreestimaban a las fuerzas cristianas. El 4 de noviembre las fuerzas cristianas avanzaron para explorar las cercanías del castillo sobre el Monte Tabor y el 10 de noviembre ya habían cruzado el Mar de Galilea cubriendo las orillas nortes del Río Jordán en varias direcciones. Posteriormente cruzaron por el vado de Jacobo y comenzaron su trayecto de regreso hacia el Acre. Mientras avanzaban tomaron varios asentamientos y enormes botines.

Juan de Brienne y María de Montferrato

En 1218 llegó un nuevo ejército al mando de Oliver de Colonia, que junto con Leopoldo VI y Juan de Brienne, decidió atacar finalmente el puerto egipcio de Damietta. El sitio fue largo y duro, y costó la vida de muchos cruzados y musulmanes, entre ellos el propio Sultán al-Ádil, pero finalmente se logró tomar la plaza en 1219. Acto seguido, comenzaron las disputas entre los cristianos por el control de la ciudad. Estas disputas y la falta de ayuda por parte del emperador alemán, retrasaron la continuación de la campaña hasta 1221, año en que los cruzados marchan al sur hacia El Cairo.

Para entonces, el nuevo Sultán al-Kamil había reorganizado sus fuerzas, lo que, unido a las inundaciones del Nilo que diezmaron al ejército cruzado en su marcha hacia el Sur, acabó con la definitiva derrota cristiana y su posterior rendición.

Los términos de esta rendición supusieron la vuelta de Damietta a manos de Al-Kamil, quien aceptó un acuerdo de paz de ocho años de duración. Fue por tanto una cruzada inútil, que apenas alteró el equilibrio de poder entre cristianos y musulmanes